Campo
28/04/2026 08:19
La compañía alcanza las 90.000 hectáreas de producción sustentable con baja huella de carbono
La empresa multinacional Bunge ha consolidado su posición estratégica en el sector agroindustrial argentino al anunciar la puesta en marcha de un ambicioso esquema de cultivos de baja huella de carbono. Este programa ha logrado una expansión sin precedentes, alcanzando las 90.000 hectáreas sembradas, lo que representa triplicar la superficie dedicada a este segmento en comparación con la campaña anterior. Esta iniciativa no solo responde a una demanda comercial creciente, sino que se alinea con las exigencias globales de sustentabilidad en la producción de materias primas para energía.
La estrategia de la compañía se fundamenta en la producción de cultivos específicos como la colza, el cártamo y la camelina. Estas variedades, consideradas supercultivos por su eficiencia y bajo impacto ambiental, se distribuyen actualmente en más de 1000 lotes repartidos en ocho provincias argentinas. El objetivo primordial de esta producción es abastecer la industria de biocombustibles de segunda generación, un sector que demanda insumos con certificaciones ambientales rigurosas y verificables a nivel internacional.
El éxito del programa ya es tangible en el mercado exterior. El aceite obtenido entre diciembre y enero ya ha sido despachado hacia Europa, un mercado que lidera la transición hacia combustibles más limpios y que requiere una trazabilidad completa de las emisiones. Según Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de la firma, los cultivos han logrado obtener los mejores certificados de emisiones de carbono disponibles. Incluso, en ciertos casos, se ha podido comprobar un proceso de fijación de carbono en el suelo, generando efectos positivos netos sobre el ambiente.
Para alcanzar estos resultados, se implementaron las siguientes acciones técnicas en el campo argentino:
Este planteo agronómico se destaca por incorporar estas oleaginosas en reemplazo de los tradicionales barbechos. Este cambio estratégico permite sumar carbono al suelo en periodos en los que habitualmente la tierra permanece sin actividad productiva, evitando la erosión y mejorando la microbiología. En este sentido, los cultivos funcionan como verdaderos puentes verdes con cosecha, permitiendo al productor obtener rentabilidad mientras mejora la calidad de su recurso más valioso. A pesar de la incertidumbre política que afecta otros indicadores, como la compraventa de campos, la apuesta por la sustentabilidad es el camino elegido para asegurar la competitividad en el mercado global. Bunge continúa invirtiendo en tecnología para asegurar que cada hectárea cumpla con los estándares internacionales más exigentes.