Negocios
25/04/2026 06:40
Ralph Lauren, Coach y The Row ganan terreno frente al estancamiento de gigantes tradicionales como LVMH
El mercado global de bienes de lujo atraviesa una fase de reconfiguración profunda que está alterando el orden establecido durante décadas. Tras el auge de consumo que siguió a la pandemia, el sector ha entrado en una zona de turbulencia económica. Según informes recientes de la consultora Bain, el gasto mundial en artículos de lujo personales se ha contraído de manera sostenida en los últimos dos años. Factores como la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente y el enfriamiento de la economía global han obligado a los gigantes del sector a prepararse para un escenario más complejo, especialmente para las casas tradicionales de origen europeo.
Mientras los conglomerados europeos luchan por mantener sus márgenes de beneficio, un grupo de marcas estadounidenses está logrando capturar la atención de los consumidores con un dinamismo sorprendente. Históricamente, el lujo ha sido sinónimo de herencia europea, con París y Milán como epicentros indiscutibles del diseño y el estatus. No obstante, el último ranking de Lyst, que mide la popularidad de las marcas mediante algoritmos de ventas y búsquedas en redes sociales, revela un cambio de guardia significativo. Hace apenas cinco años, ninguna firma de Estados Unidos lograba entrar en el codiciado top diez. Hoy, la realidad es distinta con la consolidación de nombres como Ralph Lauren, Coach y The Row.
Este dinamismo se refleja claramente en los resultados financieros recientes de estas compañías:
En contraste, el gigante francés LVMH ha encendido las alarmas de los inversores. En el primer trimestre de 2026, su división de moda y artículos de cuero registró una caída del 2% en las ventas, marcando el séptimo trimestre consecutivo de retroceso. Esta divergencia sugiere que el consumidor actual está valorando una propuesta de valor diferente, donde la agilidad digital y la conexión cultural parecen estar del lado de las marcas norteamericanas. El desafío para las firmas europeas será recuperar su relevancia en un mercado donde la exclusividad tradicional ya no es suficiente para asegurar el éxito comercial.