Deporte

25/04/2026 01:45

Hay que cuidar la siembra de Pekerman en la selección argentina

Diego Placente tiene el desafío de corregir las conductas disciplinarias tras el reciente Sudamericano

Hay que cuidar la siembra de Pekerman en la selección argentina

La formación de jóvenes talentos en el fútbol argentino ha sido históricamente un motivo de orgullo a nivel mundial, estableciendo un estándar de excelencia que pocos países han logrado igualar. Sin embargo, no solo se trata de técnica y habilidad con el balón, sino de una conducta íntegra que represente dignamente los colores nacionales en cada rincón del planeta. En este contexto, Diego Placente, digno heredero de José, debe corregir la conducta que mostraron los pibes del Sub 17 que él dirigió en el reciente Sudamericano de Paraguay. Es imperativo recordar que el éxito en las categorías formativas no se mide únicamente por los trofeos acumulados en las vitrinas, sino por la calidad humana y ética de los deportistas que se proyectan hacia el profesionalismo. El legado de Pekerman, basado en el respeto absoluto y la disciplina deportiva, parece estar atravesando una etapa donde necesita ser reforzado con determinación y claridad pedagógica por parte de quienes lideran hoy los procesos en el predio de Ezeiza.

La importancia de mantener los valores de José Pekerman en las juveniles

Durante la era dorada de José Néstor Pekerman al frente de las selecciones juveniles, Argentina no solo ganó campeonatos mundiales, sino que se ganó el respeto del mundo entero por su comportamiento ejemplar dentro y fuera de los campos de juego. Aquellos equipos eran reconocidos por el famoso Fair Play, una filosofía que priorizaba la educación y el respeto por el rival, el árbitro y el público por encima de cualquier resultado circunstancial. En el último torneo disputado en tierras paraguayas, lamentablemente se observaron episodios de indisciplina, quejas excesivas y reacciones desmedidas que encendieron las alarmas en la estructura de selecciones nacionales. Placente, quien vivió en carne propia aquella formación de excelencia bajo la tutela de José, tiene la tarea fundamental y urgente de transmitir esos valores fundacionales a los chicos que hoy están bajo su mando y que ven en él un espejo donde reflejarse.

  • Fomento del juego limpio como eje central de todo el desarrollo deportivo nacional e internacional.
  • Control estricto de las emociones en situaciones de alta presión competitiva frente a rivales directos.
  • Respeto irrestricto a la autoridad arbitral, aceptando las decisiones sin gestos de desaprobación.
  • Compromiso innegociable con la formación integral del futbolista como ciudadano responsable y respetuoso.

El desafío que enfrenta el cuerpo técnico no es sencillo, especialmente en un contexto global donde la inmediatez, la fama temprana y la presión por ganar a cualquier costo suelen nublar el juicio de los jóvenes en formación. Por ello, la figura de los entrenadores-educadores se vuelve hoy más relevante que nunca en nuestra sociedad. No basta con ser un buen estratega táctico que sepa leer los partidos; es estrictamente necesario ser un guía moral que entienda que estos adolescentes están transitando una etapa crítica de su crecimiento personal y profesional. Corregir estas conductas a tiempo es sembrar un futuro mucho mejor para la Selección Argentina mayor, asegurando que quienes logren llegar a la cima lo hagan con una base sólida de principios éticos inquebrantables. La siembra de Pekerman es un tesoro nacional que debe protegerse con celo, evitando que las urgencias del fútbol moderno y la competitividad mal entendida terminen por marchitar una identidad que llevó décadas construir con esfuerzo, paciencia y una dedicación constante por parte de grandes maestros.

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