Deporte
21/04/2026 23:01
La postura institucional frente a las decisiones arbitrales de Paletta y Herrera
La atmósfera en el Estadio Monumental sigue cargada de tensión tras el reciente superclásico que dejó más dudas que certezas en cuanto al arbitraje. El foco del conflicto no estuvo únicamente en el desempeño de los jugadores, sino en las polémicas decisiones que involucraron a Darío Herrera en el campo y a Paletta en el sistema de revisión tecnológica. A pesar del estruendo mediático y las críticas feroces de los hinchas en redes sociales, la cúpula de River Plate ha optado por un camino inesperado: el silencio absoluto. Mientras protagonistas de la talla de Lucas Martínez Quarta y figuras técnicas como Eduardo Coudet no dudaron en expresar su descontento por el manejo del encuentro, los directores del club de Núñez se mantienen al margen del ruido externo.
Muchos se preguntan por qué Jorge Brito y su comisión directiva no han salido a marcar la cancha ante lo que consideran un perjuicio deportivo evidente para la institución. La respuesta, según fuentes allegadas al club, radica en una estrategia de diplomacia silenciosa que busca no dinamitar los puentes con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). River Plate entiende que un reclamo público y estridente podría generar un efecto rebote negativo en las futuras designaciones arbitrales y en el trato cotidiano con el ente regulador. En lugar de emitir comunicados incendiarios, se prefiere la gestión en los pasillos, lejos de las cámaras y los micrófonos que buscan alimentar la controversia constante.
El malestar interno, sin embargo, es profundo y se basa en varios puntos que el club ha analizado minuciosamente mediante videos y reportes técnicos:
Esta postura de perfil bajo ha generado cierto recelo entre los socios, quienes exigen una defensa más agresiva de los intereses del club en los medios de comunicación. No obstante, la dirigencia sostiene que el éxito deportivo no se garantiza con declaraciones, sino con una estructura sólida que permita al plantel trabajar sin distracciones. El objetivo primordial es blindar al equipo, evitando que el foco se desvíe hacia factores externos que puedan afectar el rendimiento en el campo de juego. El club apuesta a que el rendimiento futbolístico termine por imponerse sobre cualquier error humano o técnico de los colegiados.
En última instancia, el silencio de River es una apuesta arriesgada en un fútbol argentino cada vez más politizado y reactivo ante la injusticia. La decisión de no entrar en el barro de las declaraciones cruzadas marca una diferencia de estilo con otras gestiones previas, pero solo el tiempo dirá si esta prudencia rinde frutos o si deja al club en una posición de vulnerabilidad frente a sus competidores directos. Por ahora, el silencio es la única respuesta oficial ante un Paletta-gate que promete seguir sumando capítulos en la historia de los clásicos modernos.