Economía
21/04/2026 03:55
Los analistas privados advierten sobre una inercia inflacionaria que dificulta el objetivo de reducir el índice de precios al consumidor
La inflación de marzo de 2026, que se situó en un 3,4%, ha enviado una señal de alerta más profunda para el Gobierno nacional que el impacto transitorio derivado de los conflictos geopolíticos en el Medio Oriente. A pesar de los intentos oficiales por atribuir la suba de precios a factores externos, diversos informes de consultoras privadas coinciden en un diagnóstico preocupante: al excluir componentes volátiles y estacionales como los combustibles, la carne y las tarifas de servicios públicos, la dinámica inflacionaria no solo muestra una aceleración en el primer trimestre del año, sino que parece haber establecido un nuevo piso estructural significativamente más elevado que el registrado durante la segunda mitad de 2025.
Este escenario representa un desafío crítico para el equipo económico, que recientemente intentó justificar la volatilidad de los precios apelando a los shocks externos y a los efectos residuales de la incertidumbre política previa a las elecciones de medio término. Sin embargo, los especialistas advierten que, detrás de estos eventos puntuales, subyace una reaparición de la inercia inflacionaria. Este fenómeno técnico complica severamente el objetivo del Ministerio de Economía de lograr que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) comience a mostrar registros mensuales que inicien con el número uno o, en el escenario más optimista, con el cero.
Para comprender la magnitud del problema, es necesario analizar el comportamiento de los siguientes indicadores clave:
La preocupación radica en que la medición núcleo se ha consolidado muy por encima de los mínimos alcanzados a mediados de 2025. Esto sugiere que, una vez disipados los efectos estacionales, la presión sobre los costos de vida se mantiene firme. El equipo económico se ve ahora obligado a revisar sus estrategias de contención, ya que la simple estabilidad de las tarifas o la calma en los mercados internacionales no parecen ser suficientes para frenar una inercia que se alimenta de la falta de anclas nominales claras y de la constante actualización de contratos y salarios.