Exterior
07/11/2026 06:56
Los once escaños de la minoría palestina con ciudadanía israelí serán determinantes para evitar que Benjamín Netanyahu retorne al poder
La política en Israel atraviesa un momento de transformación crucial tras los recientes resultados electorales. Yusef Yabarín, figura central de la principal lista árabe, se ha convertido en el actor determinante para la formación del nuevo gobierno. Desde un salón de eventos en Um El Fahem, rodeado de seguidores y bajo un ambiente de esperanza contenida, Yabarín ha dejado clara su postura: el apoyo a Gadi Eisenkot no es una adhesión ideológica total, sino una decisión estratégica para evitar el retorno de Benjamín Netanyahu al poder.
Con 11 escaños de los 120 que componen el Parlamento (Knéset), la coalición liderada por Yabarín posee la llave de la gobernabilidad. Al sumar sus votos a los del bloque opositor, permiten que Eisenkot alcance la mayoría necesaria para recibir el encargo del presidente Isaac Herzog. Para Yabarín, esta alianza representa elegir "lo menos malo" dentro de un espectro político complejo, donde las demandas de la población palestina con ciudadanía israelí rara vez ocupan el centro del debate nacional.
El líder árabe ha enfatizado que su respaldo está condicionado a avances significativos en áreas críticas para su comunidad. Las negociaciones actuales se centran en el fin de la discriminación presupuestaria y la mejora de la seguridad en las localidades árabes. "Nuestra prioridad es garantizar la dignidad y los derechos de nuestra gente, y eso solo es posible si logramos desplazar a quienes han promovido políticas de división durante años", declaró Yabarín ante la prensa.
El posible ascenso de Gadi Eisenkot marca un punto de inflexión en la historia reciente de Israel. Por primera vez en años, el bloque árabe asume un papel de co-protagonista en la configuración del Ejecutivo, alejándose del aislamiento político tradicional. Esta integración táctica busca no solo frenar a la derecha más radical, sino también establecer un precedente de participación activa en las decisiones de Estado que afectan a todos los ciudadanos, independientemente de su origen étnico.
Sin embargo, el camino hacia la estabilidad no está exento de obstáculos. La coalición que pretende liderar Eisenkot es heterogénea y deberá equilibrar las demandas de sectores progresistas, de centro y la lista árabe. Yabarín es consciente de que este es solo el inicio de una etapa de resistencia y negociación constante. La mirada de la comunidad internacional está puesta en cómo esta nueva alianza gestionará las tensiones internas y el conflicto palestino-israelí en un marco de fragilidad parlamentaria. El éxito de esta maniobra política definirá si Israel entra en una era de mayor inclusión o si regresará pronto a las urnas ante la falta de consenso.