Exterior
01/11/2026 15:19
El secretario general de la ONU advierte sobre los riesgos existenciales de la inteligencia artificial militarizada
La figura de António Guterres se proyecta como una de las voces más autorizadas y, a la vez, más preocupadas en el escenario diplomático global actual. A sus 77 años, el secretario general de la ONU sigue manteniendo una agenda frenética desde su despacho en la planta 38 de la sede neoyorquina, un lugar rodeado de símbolos de paz y justicia. Durante una reciente entrevista, Guterres analizó el panorama geopolítico actual, marcando con especial énfasis el riesgo que supone la carrera tecnológica entre las dos grandes potencias del siglo XXI: Estados Unidos y China. La advertencia es clara y directa: si el desarrollo de armas basadas en inteligencia artificial se convierte en una competición sin reglas entre estas dos naciones, las consecuencias para la estabilidad global serán sencillamente devastadoras. Este escenario no solo amenaza la seguridad física de las poblaciones, sino que altera de forma irreversible la arquitectura de la disuasión internacional que ha mantenido una paz relativa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
El secretario general destaca que el mundo se encuentra ante un cambio de paradigma tecnológico que supera cualquier revolución bélica anterior. La integración de la inteligencia artificial en sistemas de armamento no es una simple mejora táctica, sino una transformación profunda que delega decisiones críticas a algoritmos complejos. Según Guterres, una competición descontrolada podría llevar a la creación de armamento autónomo capaz de operar sin intervención humana significativa, lo que plantea dilemas morales sin precedentes. Los riesgos de este avance son múltiples y extremadamente peligrosos para la supervivencia de la humanidad:
Guterres sostiene que el diálogo entre Washington y Pekín no es opcional, sino una necesidad existencial para la civilización moderna. La falta de un tratado internacional robusto que prohíba o regule estrictamente el uso de armas autónomas deja un vacío legal que las potencias están llenando con rapidez debido a la desconfianza mutua. El diplomático portugués, conocido por su capacidad de mediación y su dominio de varios idiomas, insiste en que la tecnología debe servir para el desarrollo sostenible y no para perfeccionar la destrucción masiva. La propuesta de la ONU pasa por establecer un marco ético global que ponga siempre al ser humano en el centro de las decisiones de fuerza. Sin este consenso, el futuro de la seguridad internacional quedará a merced de líneas de código que no entienden de moral, diplomacia o el valor de la vida humana. El llamado es a la reflexión profunda y a la acción inmediata antes de que la tecnología supere nuestra capacidad de controlarla.