Campo
27/10/2026 03:00
Un emprendimiento familiar desafía el clima de Ushuaia para abastecer a la gastronomía local
En las cercanías del Canal de Beagle, donde el clima es una prueba constante para cualquier actividad productiva, Nelson Ginter y su esposa María Alejandra Pirchio han logrado lo que muchos consideraban imposible. A sus 62 y 59 años respectivamente, este matrimonio lidera un proyecto de avicultura extrema en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Su producción no es convencional: se especializan en huevos de color azul, obtenidos a través de gallinas que han demostrado una adaptación asombrosa a las bajísimas temperaturas de la Patagonia sur.
Con un total de 115 aves repartidas entre su residencia urbana y un predio en Punta Paraná, Ginter ha transformado lo que comenzó como un pasatiempo en una pieza clave para el sector gastronómico de Tierra del Fuego. Las gallinas, seleccionadas por su resistencia, conviven con el viento helado y el paisaje nevado, manteniendo una producción constante que abastece a la alta cocina regional. Según explica Nelson, el secreto reside en el cuidado meticuloso y la comprensión del entorno natural, permitiendo que las aves desarrollen su potencial a pesar del rigor estacional en un ambiente donde el invierno es el protagonista absoluto.
La historia de Nelson es la de una adaptación personal profunda. Originario de un pequeño pueblo cercano a Bahía Blanca, sus raíces están ligadas a la llanura de la pampa húmeda. Sin embargo, en 1989, su trabajo en la empresa estatal Entel lo llevó a solicitar el traslado a Tierra del Fuego. Lo que inicialmente fue un cambio de destino laboral se convirtió en su lugar definitivo en el mundo. Entre sus recuerdos del campo de sus abuelos y su presente en la montaña, Ginter ha sabido conjugar la tradición rural con las exigencias únicas del suelo fueguino.
Para lograr este éxito, el matrimonio debió implementar técnicas de manejo específicas, asegurando refugios aislados térmicamente y una nutrición balanceada que permita a las gallinas conservar energía calórica suficiente. Los huevos azules, apreciados por su cáscara resistente y su calidad interna, son el resultado de este esfuerzo constante en una de las fronteras agrícolas más desafiantes del planeta, demostrando que la pasión por la producción no conoce límites geográficos.