Exterior

25/10/2026 21:53

Lula gana, pero el Brasil que lo hizo imbatible ya no existe

El cambio en la base social brasileña y los retos del nuevo mandato

La reciente victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil marca un hito histórico, pero también pone de manifiesto una realidad ineludible: el país que lo vio nacer políticamente y lo sostuvo en sus mandatos anteriores ha cambiado profundamente. A pesar de su regreso al poder, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) se enfrenta a una nación donde las antiguas lealtades de clase se han fragmentado bajo nuevas aspiraciones económicas y sociales.

El cambio en la base electoral brasileña

Durante la campaña, una escena en un mercado de Ipanema ilustró perfectamente este fenómeno. Un grupo de simpatizantes de Lula increpó a un florista de la favela de la Rocinha por no apoyar al candidato de la izquierda. La respuesta del trabajador fue contundente: él no busca subsidios, sino estabilidad para su negocio y seguridad para prosperar. Este hombre representa a una gran parte de la población que ya no se siente identificada con el discurso tradicional de la asistencia social. En lugar de ello, prefieren el emprendimiento y la autonomía financiera.

Para entender este cambio, es necesario analizar varios factores clave que han reconfigurado el tejido social de Brasil:

  • El crecimiento de las iglesias evangélicas: Han fomentado una ética de prosperidad individual que choca con el colectivismo del PT.
  • La digitalización de la economía: Más brasileños trabajan de forma independiente o a través de plataformas, alejándose de los sindicatos tradicionales.
  • El impacto del bolsonarismo: A pesar de las derrotas electorales, el movimiento de derecha ha calado hondo en la identidad de las clases populares.

Lula hereda un Brasil donde el crecimiento económico ya no basta para asegurar la paz social. La clase media emergente y los trabajadores informales demandan ahora una gestión que priorice el control de la inflación y la reducción de trabas burocráticas. El desafío para el nuevo gobierno será conectar con estos sectores que ven en el Estado más un obstáculo que un aliado. La victoria ha sido posible gracias a una coalición amplia, pero la base social que hizo a Lula imbatible en la década de los 2000 parece haber evolucionado hacia un modelo mucho más individualista y competitivo.

En conclusión, el regreso de Lula al Palacio del Planalto no es un retorno al pasado. Es el inicio de una etapa incierta donde el progresismo debe reinventarse para no perder el contacto con la base popular que hoy, paradójicamente, mira con recelo las políticas que antes la sacaron de la pobreza. El equilibrio entre la justicia social y el apoyo al sector privado será la piedra angular de su mandato en un país dividido.

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