Moda
24/10/2026 00:30
La actriz neoyorquina repasa su trayectoria marcada por el compromiso político y su visión sin prejuicios de la industria de Hollywood.
Susan Sarandon (Nueva York, 80 años) sigue demostrando que la edad es solo un número cuando se tiene una brújula moral inquebrantable y una curiosidad inagotable por el mundo. El pasado 25 de septiembre, apenas unos días después de conceder esta entrevista, la actriz fue noticia global no por un estreno cinematográfico, sino por su arresto frente a la sede de la ONU en Nueva York. Sarandon participaba en una protesta contra la intervención de Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, sumando una detención más a una larga lista de actos de desobediencia civil. Para ella, el compromiso no es una opción estética, sino una forma de vida que le ha valido calificativos de todo tipo.
Con más de un centenar de títulos a sus espaldas, la trayectoria de Susan Sarandon es un mapa del mejor cine de las últimas décadas. Desde éxitos comerciales que definieron géneros como Thelma y Louise o Las brujas de Eastwick, hasta piezas de culto absoluto como The Rocky Horror Picture Show, su presencia en pantalla siempre ha sido sinónimo de profundidad. Su trabajo en Pena de muerte, dirigida por Tim Robbins, no solo le otorgó el Oscar a la mejor actriz, sino que consolidó su imagen como una artista dispuesta a tratar temas incómodos y socialmente relevantes. En la actualidad, su criterio para elegir proyectos sigue siendo igual de libre: prioriza la emoción del guion y la novedad del personaje por encima del presupuesto o el prestigio del director.
A menudo, sus posturas políticas le han granjeado críticas feroces de los sectores más conservadores. «A veces me llaman comunista», confiesa con una sonrisa cargada de ironía. «Creo que es simplemente la manera que tienen algunos de decir que alguien está como una cabra». Para la actriz, desafiar el statu quo es parte intrínseca de su identidad. Esta mentalidad se refleja en su más reciente trabajo, The Accompanist, donde interpreta a Sylvia, una madre de acogida con una personalidad compleja y atormentada. A través de este papel, Sarandon vuelve a demostrar que no tiene miedo a los personajes difíciles o a las producciones independientes de directores noveles.
A sus ochenta años, la actriz neoyorquina mantiene una agenda activa que combina el rodaje con su faceta de activista incansable. Su legado no se mide solo en estatuillas o cifras de taquilla, sino en su valentía para alzar la voz cuando otros callan. Susan Sarandon sigue siendo esa figura necesaria que recuerda a Hollywood que el arte debe, necesariamente, estar conectado con la realidad del mundo y el compromiso social.