Ciencia
21/10/2026 00:30
El análisis de restos óseos en la necrópolis de Navarra ofrece datos inéditos sobre la alimentación y salud de los mudéjares
El descubrimiento fortuito de una vasta necrópolis medieval en Tudela, Navarra, ha abierto una ventana sin precedentes a la historia de la convivencia y supervivencia de las minorías religiosas en la península ibérica. En 2019, durante las obras de ampliación de un centro educativo, salieron a la luz más de 400 tumbas que, tras un análisis riguroso, confirmaron ser parte de uno de los cementerios musulmanes más importantes de la España cristiana entre los siglos XI y XIV. Este hallazgo no solo destaca por la cantidad de restos humanos recuperados, sino por la calidad de la información científica que ha permitido extraer el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre una población mudéjar en el norte del país.
El análisis bioarqueológico de un centenar de individuos ha permitido a los investigadores profundizar en aspectos íntimos de la vida cotidiana de los musulmanes bajo dominio cristiano. Mediante el estudio de compuestos químicos y análisis de isótopos estables en los huesos, los científicos han podido reconstruir los patrones alimenticios y las condiciones de salud de esta comunidad. Los resultados indican que, a pesar de su estatus de minoría supeditada, los mudéjares de Tudela mantenían una dieta sólida basada en cereales, aunque con variaciones significativas respecto a sus vecinos cristianos de la época.
Entre los hallazgos más destacados de esta investigación se encuentran los siguientes puntos clave:
Este estudio resulta fundamental para comprender cómo funcionaba la segregación y la integración en la España de la Reconquista. La morería de Tudela era una de las más grandes del norte de la península, y los datos obtenidos a través de la bioarqueología revelan una capacidad de resistencia notable frente a las presiones externas. A diferencia de otros estudios previos que se basaban casi exclusivamente en crónicas escritas o documentos legales, la arqueología ósea proporciona datos objetivos sobre la realidad biológica de estas personas, alejándose de los posibles sesgos de los cronistas medievales.
La importancia de conservar y estudiar estos sitios arqueológicos es evidente. Gracias a la rápida intervención de los equipos especializados tras el hallazgo en el colegio de Navarra, hoy contamos con una base de datos científica que reescribe parte de nuestra historia medieval. La investigación continúa arrojando luz sobre las complejas interacciones entre las distintas comunidades que compartieron el territorio navarro, demostrando que la sociedad medieval española fue un mosaico cultural con dinámicas de convivencia mucho más ricas de lo que tradicionalmente se ha enseñado en los libros de texto.