Ciencia
19/10/2026 16:01
El declive de los polinizadores pone en riesgo la biodiversidad y la agricultura del continente
Un exhaustivo estudio publicado recientemente en la prestigiosa revista PNAS ha revelado una realidad preocupante para la biodiversidad del continente europeo: las abejas han sufrido una disminución constante en su distribución geográfica durante el último siglo. Aunque las extinciones totales de especies polinizadoras son aún limitadas, la reducción del territorio que ocupan es drástica. Según los datos analizados desde 1921, la presencia de estos insectos fundamentales para la vida se ha encogido de manera alarmante, especialmente en la fachada atlántica y en Centroeuropa, situando a comunidades como Galicia en el epicentro de esta crisis ambiental.
La investigación, liderada por científicos españoles, destaca que el declive no afecta de la misma forma a todas las regiones. Mientras que las zonas llanas y las costas atlánticas muestran una retirada evidente, la región mediterránea experimenta un descenso que, aunque incipiente, ya genera señales de alerta. Un dato curioso que aporta el informe es el comportamiento de las zonas montañosas. Debido al aumento progresivo de las temperaturas provocado por el cambio climático, estas áreas se han convertido en refugios temporales donde la presencia de abejas ha aumentado ligeramente, ya que los insectos buscan climas más frescos en altitudes superiores.
Los factores que impulsan esta desaparición son variados y complejos. Entre ellos se encuentran:
A pesar de este panorama sombrío, los expertos insisten en que todavía existe un margen de maniobra para revertir la situación. La clave reside en la implementación de políticas de conservación más estrictas y en la promoción de una agricultura que respete los ciclos naturales. Restaurar la población de polinizadores no es solo una cuestión de ecología, sino de seguridad alimentaria global, ya que la gran mayoría de los cultivos que consumimos dependen directamente de la polinización. Proteger a las abejas en lugares como Galicia y el resto de Europa es asegurar el futuro de nuestros ecosistemas y nuestra propia supervivencia.