Moda
15/10/2026 00:30
La exposición Arde para volver explora la tensión entre la belleza de lo familiar y la estética de lo viscoso
La artista madrileña Maya Pita-Romero, con apenas 27 años, está redefiniendo los límites de lo que habitualmente consideramos doméstico a través de una obra plástica cargada de simbolismo y texturas inesperadas. En su más reciente exposición, titulada Arde para volver y presentada en la galería El Chico dentro del vibrante distrito de Arganzuela en Madrid, la creadora propone un viaje visual y sensorial por los objetos cotidianos que habitan nuestra intimidad más profunda. Utilizando elementos tan aparentemente sencillos como servilletas de tela usadas, Pita-Romero logra transformar lo familiar en algo extraño, provocador y profundamente humano que desafía la percepción del espectador moderno.
El núcleo central de la propuesta artística de Maya Pita-Romero reside en la transformación radical de los materiales y sus significados intrínsecos. Sus obras presentan servilletas de ajuar impregnadas en capas de resina transparente que conservan, como si de fósiles contemporáneos se tratara, las huellas reales del uso: restos de salsas, manchas de vino, rastros de pintalabios y arrugas que narran historias de cenas y conversaciones pasadas. Esta elección estética no es en absoluto casual; busca explorar la tensión psicológica entre lo que nos genera un rechazo inmediato y lo que nos atrae de forma inevitable. Al cubrir estos textiles con capas rígidas y brillantes, la artista les otorga una cualidad casi biológica, similar a la piel humana o a ciertos fluidos corporales, obligando a quien observa a acercarse para descifrar la belleza oculta en lo que inicialmente parece asqueroso.
Para Maya Pita-Romero, el ámbito de lo doméstico no es un espacio pasivo ni secundario, sino el escenario principal donde ocurren los eventos más significativos y transformadores de nuestra existencia. Al modificar drásticamente el significado de estos objetos de uso diario, la artista cuestiona las convenciones sociales impuestas sobre la limpieza, el orden y la perfección dentro del hogar. Sus piezas parecen habitar un estado de descomposición congelada en el tiempo, lo que invita a una reflexión melancólica sobre la fragilidad de la memoria y el paso inevitable de los años. Las servilletas, que han circulado por las manos de sus abuelas y de su madre antes de llegar a las suyas, se convierten así en tótems de una genealogía compartida que ahora son elevados a la categoría de arte contemporáneo de vanguardia.
La acogida crítica de su obra destaca por esa capacidad única de generar una reacción visceral e inmediata en el público. En un mundo contemporáneo saturado de imágenes digitales pulcras y filtradas, el trabajo de Pita-Romero ofrece una materialidad cruda y honesta que conecta directamente con nuestra propia naturaleza biológica y emocional. Su exploración valiente de lo viscoso, lo doméstico y lo cotidiano asegura un lugar muy relevante para su discurso artístico en la escena actual, demostrando con maestría que debajo de la superficie de lo ordinario siempre existe una historia compleja, húmeda y fascinante esperando ser contada a través de nuevas texturas y sensaciones táctiles.