Campo
10/10/2026 13:56
La historia del productor que desafía el frío extremo de Ushuaia con gallinas ponedoras
En las costas gélidas del Canal de Beagle, donde la naturaleza impone sus propias reglas, Nelson Ginter ha logrado lo que para muchos sería imposible: sostener una producción avícola sustentable en el confín de la Patagonia. A sus 62 años, este productor lidera junto a su esposa, María Alejandra Pirchio, un proyecto que desafía las leyes del clima extremo en Ushuaia. Con un termómetro que habitualmente marca grados bajo cero, la tarea diaria de recolectar huevos se convierte en una carrera contra el tiempo y el congelamiento. Su historia es un testimonio de resiliencia y adaptación en la ciudad más austral del mundo.
El establecimiento cuenta con un total de 115 gallinas ponedoras, cuya crianza se divide entre su residencia urbana y un predio ubicado en Punta Paraná. Lo que comenzó como una curiosidad o un pasatiempo personal ha evolucionado hasta convertirse en un suministro esencial para la gastronomía de alta gama en la región. La particularidad de su producción radica en la obtención de huevos de color azul, una variedad que ha despertado el interés de chefs y consumidores locales por su calidad y origen artesanal.
Producir alimentos en estas latitudes exige una logística milimétrica y una atención constante a las condiciones ambientales. Según explica Ginter, la ventana de tiempo para retirar la producción de los nidos es extremadamente corta: si los huevos se dejan a la intemperie por más de 24 horas, el frío penetra la cáscara y los congela, volviéndolos inutilizables para el consumo comercial. Entre los principales desafíos que enfrenta el productor se encuentran:
A pesar de que sus raíces están en la llanura pampeana, cerca de Bahía Blanca, Nelson encontró su lugar en el mundo tras trasladarse a Tierra del Fuego en 1989. Tras años de trabajo en la empresa estatal Entel, decidió echar raíces definitivas en el sur. Su conexión con la tierra y los animales, heredada de sus abuelos, floreció en el entorno menos pensado. Hoy, su labor no solo provee un producto fresco a una zona donde casi todo el alimento debe recorrer miles de kilómetros para llegar, sino que también demuestra que la pasión por el campo no conoce de fronteras geográficas ni de climas hostiles.