Campo
10/10/2026 07:56
El subproducto bovino se beneficia de aranceles preferenciales y una tradición culinaria centrada en el gyūtan
La apertura del mercado japonés para la carne vacuna argentina representa un hito estratégico para el sector agroindustrial del país sudamericano, abriendo puertas a productos con alto valor agregado. Si bien los cortes tradicionales como el lomo o el bife de chorizo suelen captar la mayor atención de los exportadores, la lengua bovina ha emergido como una de las oportunidades comerciales más prometedoras y concretas para la cadena cárnica nacional. Este subproducto, a menudo subestimado en el consumo doméstico argentino o destinado a mercados de menor valor, encuentra en Japón un escenario ideal debido a una combinación única de ventajas arancelarias y una profunda tradición gastronómica local que valora especialmente esta pieza específica por su textura y sabor característicos.
Uno de los factores determinantes que explican el enorme potencial de la lengua argentina en tierras niponas es el diferencial impositivo sustancial que ofrece el sistema aduanero de Japón. Según detalló el consultor ganadero Víctor Tonelli, existe una oportunidad de oro basada en la estructura de aranceles de importación. Mientras que la carne vacuna tradicional congelada o fresca debe enfrentar un arancel del 38%, la lengua bovina ingresa al país asiático con un gravamen significativamente menor, situado en el 12%. Esta brecha impositiva del 26% permite que el producto sea altamente competitivo en términos de precio final y genere un retorno económico muy superior para los frigoríficos exportadores argentinos. El aprovechamiento de esta ventana comercial permite a la industria:
La lengua vacuna goza de un estatus de privilegio en la cocina japonesa gracias al gyūtan, una preparación a la parrilla que se ha convertido en un emblema gastronómico. Esta tradición tiene su origen histórico en la ciudad de Sendai, en el año 1948. Fue Keishiro Sano, el visionario dueño del restaurante Aji Tasuke, quien comenzó a ofrecer este plato en un periodo marcado por la escasez de alimentos tras la Segunda Guerra Mundial. Sano debía viajar largas distancias para conseguir la materia prima, pero su persistencia dio frutos: el plato se volvió un éxito rotundo. Con la modernización de Japón y la llegada del tren bala Tohoku Shinkansen, la fama del gyūtan trascendió las fronteras de Sendai para conquistar los paladares de todo el país. Hoy, la demanda es tan alta que Japón debe importar gran parte de la lengua que consume, y la carne argentina, reconocida mundialmente por su calidad alimentada a pastura, se posiciona como una opción de excelencia para satisfacer este mercado exigente.