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29/09/2026 06:39
Una mirada cruda a los secretos que esconden las figuras del deporte y sus representantes
La escena teatral porteña se ve sacudida por el estreno de Dribbling, una pieza que pone la lupa sobre los rincones más oscuros del mundo del fútbol profesional. Protagonizada por Carlos Portaluppi y Franco Masini, la obra no solo se limita a narrar una historia de deporte, sino que se sumerge profundamente en las complejidades del poder absoluto, la fama desmedida y las consecuencias de las decisiones tomadas bajo la presión de los contratos millonarios. El relato sigue con precisión quirúrgica la vida de Javi, un joven futbolista en la cima de su carrera que se ve envuelto en un escándalo judicial que amenaza con destruir todo lo que ha construido en años de entrenamiento. La obra, escrita por Ignasi Vidal, llega en un momento de gran sensibilidad social respecto a la conducta de los ídolos populares.
La dirección de la obra logra capturar de manera magistral la tensión constante entre un representante astuto y pragmático, interpretado por un sólido Portaluppi, y su representado, un joven arrogante pero vulnerable encarnado por Masini. A través de diálogos punzantes que no dan respiro y una puesta en escena minimalista que enfatiza la frialdad de las negociaciones, Dribbling cuestiona hasta dónde se puede llegar para proteger una marca personal o un activo financiero de un club. El fútbol aquí funciona simplemente como un escenario amplificado donde la verdad es una moneda de cambio constante y donde el entorno más íntimo de los jugadores juega un papel determinante en su ascenso meteórico o su caída estrepitosa en el olvido.
La profundidad psicológica de los personajes permite al espectador entender las presiones externas que moldean la personalidad de un atleta de élite desde su adolescencia. Los puntos clave que explora la obra para generar este impacto son:
Con actuaciones que ya se perfilan como las mejores del año, Carlos Portaluppi demuestra una vez más su versatilidad inigualable para componer personajes complejos, cínicos y llenos de matices oscuros que incomodan al público. Por su parte, Franco Masini logra dotar a su personaje de una vulnerabilidad necesaria para que el espectador pueda empatizar, o al menos intentar comprender, los motivos detrás de sus actos fallidos. La obra invita a una reflexión necesaria sobre la cultura de la cancelación, el privilegio de clase en el deporte y el peso de la fama en una sociedad que consume ídolos con la misma voracidad y rapidez con la que los desecha sin mirar atrás. Sin duda, es una propuesta imperdible para quienes buscan un teatro que interpele la realidad actual de manera directa, cruda y valiente.