Campo
15/04/2026 08:45
El reconocido ingeniero del INTA falleció a los 87 años dejando un legado de innovación tecnológica y desarrollo para el pequeño productor
El sector agropecuario argentino despide a una de sus figuras más emblemáticas en el desarrollo tecnológico regional. Orlando Pilatti, reconocido ingeniero agrónomo vinculado estrechamente al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Reconquista, falleció a los 87 años. Su partida marca el fin de una era para la industria del algodón, pero deja tras de sí un legado imborrable que transformó la forma en que los pequeños y medianos productores gestionan sus cultivos. Durante décadas, Pilatti fue el motor detrás de innovaciones que permitieron mecanizar tareas complejas, logrando que la tecnología fuera accesible para quienes más la necesitaban en el norte del país.
El principal aporte de Pilatti no se limitó únicamente a la teoría académica, sino que se materializó en herramientas concretas que cambiaron la productividad del campo. Fue el creador de cosechadoras que marcaron un hito en la producción algodonera nacional, diseñadas específicamente para adaptarse a las necesidades de la escala local. Quienes trabajaron con él lo definen como un visionario que supo interpretar los desafíos del territorio. Sus máquinas no solo optimizaron los tiempos de cosecha, sino que también brindaron una oportunidad de crecimiento económico a comunidades que dependían casi exclusivamente de procesos manuales y costosos.
Nacido el 26 de febrero de 1939, Pilatti desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en la Estación Experimental del INTA en Reconquista. Su compromiso con la institución fue tal que llegó a ocupar el cargo de director entre los años 1985 y 1992. Desde ese espacio de liderazgo, fomentó la investigación aplicada y la extensión rural, entendiendo que el conocimiento debe ser compartido directamente con el productor en el surco. Su influencia se extendió por todo el norte santafesino, consolidando al algodón como un cultivo símbolo de la región.
Más allá de sus logros profesionales, Pilatti es recordado por su calidez humana y su capacidad para formar equipos de trabajo resilientes. Estaba casado con Juana Celia Gómez Pescié y fue padre de cuatro hijos: Graciela, Pablo, Patricia y Néstor. Sus restos, velados en su ciudad natal, recibirán un último adiós tras una ceremonia que refleja el respeto que supo ganarse entre colegas y productores. Con su fallecimiento, el agro pierde a un embajador técnico, pero conserva una estructura de trabajo y una visión de futuro que seguirá guiando a las nuevas generaciones de ingenieros agrónomos en la Argentina.