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25/09/2026 16:00
Daniel Hadad detalló los problemas de salud y el contexto de soledad que rodearon la partida del comunicador.
La muerte de Oscar González Oro ha generado un profundo impacto en la sociedad argentina, y recientemente han salido a la luz detalles sobre la compleja realidad que enfrentó el locutor antes de morir. Daniel Hadad, empresario de medios y amigo personal del conductor, decidió romper el silencio para aclarar las circunstancias que rodearon el fallecimiento del Negro en su domicilio de Uruguay. En sus declaraciones, Hadad no solo destacó la grandeza profesional de González Oro, sino que también describió con crudeza la fragilidad de su salud y el aislamiento emocional en el que se encontraba sumergido durante sus jornadas finales.
Según explicó Hadad, la salud del conductor venía atravesando un proceso de deterioro sistémico. A pesar de los controles médicos, los problemas respiratorios y cardíacos se habían vuelto una constante difícil de manejar. "Era un hombre que había dado todo por su profesión y el cuerpo comenzó a pasarle factura", señaló el empresario. La noticia de su hallazgo sin vida por parte de sus empleados domésticos fue el triste cierre para una vida marcada por el ruido de los estudios de radio y el brillo de las cámaras, contrastando fuertemente con la quietud de su retiro en Punta del Este.
Durante la extensa charla, Hadad recordó cómo se gestó el fenómeno de audiencia que protagonizó el Negro Oro en Radio 10. Fue una época de oro donde la conexión con la gente era total, algo que el comunicador extrañaba profundamente. Sin embargo, en los últimos meses, esa energía se había disipado. Daniel Hadad mencionó que el locutor sufría de una insuficiencia que afectaba su capacidad para moverse con libertad, lo que fue mermando su calidad de vida y lo obligó a pasar más tiempo recluido. La soledad, en este contexto, se volvió un factor determinante que agravó su cuadro clínico general.
El empresario enfatizó que el Negro Oro fue un pilar fundamental para el éxito de sus proyectos comunicacionales. Su voz era sinónimo de credibilidad y compañía para millones de personas. No obstante, esa misma entrega al trabajo lo llevó a descuidar aspectos fundamentales de su bienestar personal. Hadad relató que en sus últimas conversaciones telefónicas notaba a un Oscar más reflexivo, quizás consciente de que su ciclo vital estaba llegando a una etapa de declive inevitable. Los detalles revelados hoy permiten entender que su partida no fue un evento aislado, sino el resultado de un proceso de desgaste físico prolongado.
Para concluir, Hadad resaltó que es fundamental separar la figura pública del hombre que sufría en privado. El vacío dejado por Oscar González Oro es enorme, tanto para quienes fueron sus colegas como para quienes encontraban en él una voz amiga cada mañana. La revelación de esta triste realidad busca humanizar a la leyenda y poner el foco en la necesidad de cuidar a nuestros referentes cuando las luces de los estudios se apagan definitivamente. Su nombre quedará grabado en la historia como el conductor que supo interpretar el pulso de la calle como nadie más lo hizo en la radiofonía moderna.