Familia
21/09/2026 00:30
La experta analiza cómo la experiencia virtual influye en el desarrollo y la percepción de la realidad en los niños
La relación entre los niños y la tecnología suele generar una preocupación constante en las familias, centrándose casi siempre en el tiempo total frente a la pantalla. Sin embargo, Esther Sánchez González, maestra, filósofa y gamer, propone un cambio de perspectiva radical para entender este fenómeno moderno. Según Sánchez, la verdadera cuestión no radica en el número de horas que un menor dedica a los dispositivos, sino en la profundidad y el tipo de vivencias que experimenta durante ese periodo. Los videojuegos no son solo entretenimiento vacío; representan espacios complejos donde se puede explorar la identidad, la ética y la lógica de una forma activa y participativa.
Para esta experta en Lógica e Historia de la Ciencia, los mundos virtuales ofrecen una oportunidad única para experimentar la realidad de formas que a menudo son imposibles en el plano físico cotidiano. Aunque el entorno sea digital y no tangible, las emociones, los dilemas morales y las interacciones sociales que ocurren dentro de él son completamente reales para el jugador. Esta distinción es fundamental para comprender por qué los videojuegos tienen un impacto tan significativo en el desarrollo cognitivo y emocional de los jóvenes en la actualidad, permitiéndoles ensayar respuestas ante situaciones diversas.
Sánchez argumenta que las grandes posibilidades filosóficas de los videojuegos permiten a los usuarios experimentar con su propia existencia de manera segura. Al adoptar diferentes roles y enfrentar desafíos que requieren pensamiento estratégico, los niños desarrollan habilidades críticas esenciales para el siglo XXI. Es fundamental observar qué procesos mentales y emocionales se activan mientras juegan, destacando aspectos como los siguientes:
Al centrarnos únicamente en el cronómetro, corremos el riesgo de perder de vista la calidad del contenido consumido. No es lo mismo dedicar una hora a un juego puramente mecánico que a una obra que invita a la reflexión profunda o al trabajo colaborativo entre pares. Por ello, la labor de los adultos debe evolucionar desde una simple vigilancia horaria hacia un acompañamiento activo que fomente el pensamiento crítico sobre lo que sucede en la pantalla.
El papel de los padres y educadores es fundamental para mediar en esta relación con la tecnología. En lugar de recurrir únicamente a la prohibición, la estrategia más efectiva es participar, observar y preguntar. Entender las mecánicas de los juegos favoritos de los hijos permite abrir canales de comunicación valiosos que de otro modo permanecerían cerrados. Al interesarse genuinamente por las historias y los retos que los niños enfrentan en el mundo digital, los adultos pueden guiar su aprendizaje y ayudarles a integrar esas experiencias de manera saludable en su vida cotidiana.
En última instancia, la visión de Esther Sánchez nos invita a dejar de temer a la tecnología para empezar a comprenderla como una herramienta de expansión humana. La realidad virtual no compite con la vida real; la complementa y ofrece un laboratorio de aprendizaje excepcional para el crecimiento personal y filosófico de las nuevas generaciones.