Campo
17/09/2026 00:22
Las proyecciones meteorológicas para el ciclo agrícola y los riesgos en la cuenca del Plata
El sector agropecuario argentino se prepara para enfrentar los efectos del fenómeno climático conocido como El Niño, cuyas proyecciones indican un incremento en las precipitaciones por encima de los promedios históricos. Sin embargo, los especialistas advierten que este escenario no debe interpretarse de manera uniforme en todo el país. La llegada de mayores lluvias traerá consigo una gran diversidad de situaciones, desde regiones que se verán beneficiadas por la recuperación de la humedad en los perfiles del suelo hasta zonas que podrían sufrir complicaciones severas por anegamientos.
De acuerdo con los pronósticos del meteorólogo Leonardo de Benedictis, el impacto de El Niño comenzará a manifestarse de manera más clara entre finales de septiembre y principios de noviembre. El foco inicial de atención se sitúa en el nordeste argentino (NEA), abarcando provincias como Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa. En esta zona, así como en el sur de Brasil y el este de Paraguay, el riesgo de excesos hídricos importantes es elevado, lo que podría dificultar las labores de siembra y la logística rural durante el último trimestre del año.
Hacia el cierre del año y el inicio de 2027, el efecto se desplazará hacia la región del Litoral y una porción de la zona central del territorio argentino. No obstante, se espera que en estas áreas la magnitud del fenómeno sea menor comparada con el nordeste. Por otro lado, existen regiones donde los efectos de El Niño serán apenas perceptibles o mucho más moderados, según detallan los informes técnicos:
Un aspecto que genera especial preocupación es la situación de las cuencas de los grandes ríos. Las lluvias persistentes proyectadas para toda la cuenca del Plata afectarán directamente los niveles de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Esto plantea una alerta roja para los productores con campos en zonas bajas o islas, ya que se esperan crecidas que podrían obligar al movimiento anticipado de hacienda y afectar la infraestructura costera. Las denominadas "olitas" de humedad intermitentes podrían complicar aún más el panorama si se combinan con tormentas locales intensas.
Para los productores de la zona central, el desafío será aprovechar la humedad para potenciar los rendimientos sin caer en la complacencia ante posibles eventos extremos. La gestión del riesgo hídrico y el monitoreo constante de los niveles de napa serán herramientas fundamentales para navegar una campaña que, si bien se presenta húmeda, exigirá una planificación estratégica para evitar que los beneficios del agua se conviertan en pérdidas por inundación.