Campo
15/09/2026 00:03
La joven santafesina descubrió su pasión por el campo en el exterior y destaca las condiciones laborales del sector lácteo australiano.
Julia Porporato es una joven santafesina de 31 años que decidió dar un giro radical a su vida profesional y personal. Originaria de Ramona, un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe rodeado de campos productivos, nunca imaginó que su verdadero destino estaría vinculado a la producción lechera en el otro lado del mundo. Hoy, Julia trabaja en un tambo en el estado de Victoria, Australia, donde ordeña diariamente unas 700 vacas. Su historia es un fiel reflejo de la búsqueda de nuevas oportunidades y de cómo el esfuerzo personal puede abrir puertas en rubros completamente desconocidos para una persona que se crió lejos de las tareas rurales.
A pesar de haber crecido en un entorno geográficamente cercano a la zona rural, Julia admite que no tenía conocimientos previos sobre la vida en el campo antes de emigrar. Sin embargo, la necesidad de adaptarse a un nuevo país y la curiosidad por probar actividades diferentes la llevaron a insertarse en la competitiva industria láctea australiana. El trabajo comienza muy temprano, a las cuatro de la mañana, cuando el silencio del estado de Victoria todavía impera. Su rutina diaria incluye el manejo de tecnología avanzada y un sistema de organización que permite cumplir con las exigencias del establecimiento de manera eficiente.
Uno de los puntos más destacados de su testimonio es el aspecto económico y las excelentes condiciones laborales que ofrece el país oceánico. Julia percibe un salario de 33 dólares australianos por hora, cumpliendo una jornada semanal establecida de 44 horas. Los beneficios de trabajar en el sector agropecuario de Australia incluyen:
Julia destaca que, aunque el trabajo en el tambo es físicamente demandante y requiere disciplina, la satisfacción de ver los resultados productivos y el respeto absoluto por los horarios de descanso hacen que la experiencia sea sumamente positiva. Según relata, la dinámica laboral le permite tener una calidad de vida que en su pasado le resultaba difícil de imaginar.
Antes de emprender su viaje migratorio, la vida de Julia era muy distinta a la actual. Trabajaba atendiendo un kiosco y su relación con los animales de campo era prácticamente nula. Al relatar su transformación, comenta con humor que en aquel entonces ni siquiera sabía distinguir un pollo de una gallina. El contraste entre su vida anterior y su presente en Australia es abismal, pero ella asegura sentirse plena con el cambio. El proceso comenzó junto a su pareja, con una escala previa en Italia, hasta establecerse definitivamente en el continente australiano. Para ella, este aprendizaje no solo ha sido técnico, sino también emocional. La joven santafesina concluye que le hubiese encantado tener esta conexión con el campo mientras vivía en Argentina, reconociendo que el sector agropecuario ofrece un mundo de posibilidades para quienes están dispuestos a aprender desde cero y enfrentar nuevos desafíos.