Campo
12/09/2026 13:04
Argentina escala posiciones en el ranking mundial de exportadores gracias a la producción de biocombustibles
Lo que anteriormente era considerado un simple subproducto de la industria cárnica argentina ha pasado a ocupar un lugar estratégico en la balanza comercial del país. En apenas una década, las exportaciones de sebo bovino se han multiplicado por más de 20 veces, transformándose en un negocio de alto crecimiento que ha captado la atención de los principales mercados internacionales, especialmente de los Estados Unidos. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el volumen exportado saltó de 6819 toneladas en el año 2015 a la sorprendente cifra de 154.808 toneladas estimadas para 2025.
Este crecimiento exponencial representó ingresos por un total de 125,2 millones de dólares, marcando un hito en la diversificación de las exportaciones del complejo agroindustrial. La razón principal de este fenómeno radica en un cambio de paradigma energético global: el sebo bovino es hoy un insumo crítico y altamente valorado para la producción de diésel renovable, un combustible que busca reducir la huella de carbono en el transporte pesado.
Gracias a este dinamismo, Argentina ha logrado escalar posiciones significativas en el comercio mundial. Mientras que en 2015 el país se ubicaba en el puesto número 15 entre los exportadores globales, con una participación marginal del 0,4%, para finales de 2025 se ha consolidado en el cuarto puesto del ranking mundial. Actualmente, la Argentina ostenta una participación del 7,8% del total del mercado, posicionándose justo detrás de gigantes exportadores como Australia, Brasil y Canadá. Entre los beneficios de este nuevo mercado se encuentran:
El proceso de obtención del sebo implica el tratamiento térmico de tejidos grasos sobrantes de la faena de bovinos, los cuales se procesan para separar la grasa de otros componentes como la harina de carne. Tradicionalmente, este producto se destinaba a industrias de bajo valor añadido, como la fabricación de jabones, velas o cosméticos, así como a la elaboración de alimento balanceado para animales. Sin embargo, la creciente demanda estadounidense por combustibles limpios ha elevado el valor de este insumo, obligando a los frigoríficos argentinos a tecnificar sus procesos para cumplir con los estándares internacionales exigidos por la industria energética.
Este cambio estructural en el mercado no solo favorece a los grandes exportadores, sino que otorga una mayor rentabilidad a toda la cadena de ganados y carnes, demostrando que la innovación en el uso de recursos existentes puede abrir puertas en mercados antes impensados.