Exterior
06/09/2026 00:30
El aumento de conflictos bélicos globales y el auge del etnonacionalismo redefinen la seguridad del viejo continente
El escenario geopolítico actual atraviesa una de sus fases más críticas desde mediados del siglo XX. Según datos recientes del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, el año 2025 se consolidó como el periodo con mayor número de conflictos bélicos activos desde 1946, registrando un total de 65 enfrentamientos que se cobraron la vida de un cuarto de millón de personas. Esta tendencia, lejos de mitigarse, parece acelerarse en el presente ejercicio, batiendo récords de violencia y desestabilización internacional. La narrativa de la Pax Americana, aquella estabilidad relativa garantizada por la hegemonía de Estados Unidos, se desvanece ante una realidad marcada por la fragmentación y el retorno del uso de la fuerza para redibujar fronteras territoriales.
La estabilidad europea se ve amenazada no solo por factores externos, sino por una transformación interna profunda. El intelectual Ivan Krastev señala que la antigua urgencia apocalíptica de los movimientos fascistas del siglo pasado ha sido reemplazada por una urgencia revolucionaria en los grupos posfascistas actuales. Estos movimientos de extrema derecha etnonacionalista están ganando terreno en todo Occidente, aprovechando el descontento social generado por los flujos migratorios y los rápidos cambios tecnológicos. Ante este panorama, el espectro político tradicional parece paralizado: el centroderecha evita la confrontación directa, mientras que el centroizquierda ha perdido su capacidad de influencia en el debate público.
Este vacío político y social ha dado paso a una geopolítica violenta y volátil. Estados Unidos, históricamente el guardián de la arquitectura de seguridad global, ha pasado a ser un actor que agita el teatro de operaciones internacional. La erosión de las normas internacionales ha llevado a que la premisa de que las fronteras son inamovibles sea ignorada sistemáticamente. Europa, junto con Oriente Próximo, se encuentra en el epicentro de este nuevo desorden mundial, sufriendo las consecuencias directas de la retirada del paraguas de seguridad estadounidense.
Como resultado de esta vulnerabilidad, los analistas internacionales coinciden en que Europa está entrando en una etapa inédita. El analista Robert D. subraya que el continente deberá enfrentar un incremento masivo en el gasto de defensa y seguridad. La autonomía estratégica ya no es una opción teórica, sino una necesidad imperativa para garantizar la supervivencia del proyecto europeo ante un entorno que se ha vuelto hostil y depredador. La falta de una respuesta coordinada podría dejar a la región a merced de potencias que no dudan en emplear la fuerza para imponer sus intereses nacionales.