Exterior
31/08/2026 11:49
Los equipos de emergencia buscan supervivientes en las galerías hidroeléctricas tras la catástrofe en el Himalaya
La magnitud de la tragedia en la región del Himalaya continúa revelándose a medida que los equipos de emergencia logran acceder a las zonas más remotas afectadas por las devastadoras riadas de los últimos días. La cifra oficial de fallecidos ha ascendido ya a 919 personas, repartidas entre el territorio de Nepal y la región autónoma del Tíbet en China. Las labores de salvamento se desarrollan en condiciones extremas, con operarios trabajando sin descanso para despejar túneles que han quedado completamente taponados por sedimentos, rocas de gran tamaño y barro denso. La prioridad absoluta en el lado nepalí se concentra ahora mismo en el rescate de trabajadores atrapados en media docena de galerías de proyectos hidroeléctricos.
El operativo de rescate es una carrera contra el reloj marcada por la orografía hostil y un clima totalmente impredecible que dificulta el vuelo de helicópteros. En el paso de Gyirong, situado en el Tíbet, el gobierno chino ha desplegado a más de 2.100 efectivos que rastrean la zona utilizando tecnología de detección térmica y drones de reconocimiento avanzados. La principal dificultad radica en la destrucción casi total de la infraestructura vial, lo que impide el paso de maquinaria pesada necesaria para remover las toneladas de lodo que cubren el valle. Los rescatistas deben avanzar metro a metro, utilizando a menudo herramientas manuales para evitar nuevos desprendimientos que pongan en riesgo la seguridad del personal militar y civil.
El impacto económico de la catástrofe también es evidente con la destrucción de múltiples centrales hidroeléctricas que suministraban energía limpia a gran parte del norte de Nepal. La reconstrucción de estas instalaciones estratégicas se prevé larga y costosa, sumando una crisis energética a la emergencia humanitaria actual que sufren miles de personas. Las autoridades locales han hecho un llamamiento urgente a la cooperación internacional, solicitando expertos en rescate de montaña y suministros médicos para evitar brotes infecciosos. La garganta del río, que anteriormente era una ruta comercial vital, se ha transformado en un paisaje de desolación donde el barro alcanza varios metros de altura. A pesar de la fatiga acumulada, los voluntarios y militares persisten en la búsqueda de supervivientes, impulsados por la esperanza de encontrar bolsas de aire en los túneles que hayan permitido la salvación de los operarios desaparecidos desde el inicio de la riada.