Familia
30/08/2026 00:30
Por qué los cuentos para niños no deben ser tratados únicamente como herramientas pedagógicas según los expertos
En el panorama actual de la literatura infantil, parece haber surgido una tendencia que prioriza la utilidad pedagógica sobre el placer estético. Esta perspectiva, analizada por el filósofo Santiago Gerchunoff en su obra La era de los niños cosa, sugiere que los libros para los más pequeños se están convirtiendo en meros instrumentos para abordar temas específicos como el duelo, la igualdad de género o la gestión emocional. El autor, basándose en su experiencia previa como librero, observa cómo los adultos buscan títulos con un propósito didáctico inmediato, dejando de lado la esencia literaria que define a un buen libro.
La literatura infantil no debería ser vista exclusivamente como una extensión del aula o una guía de comportamiento. Cuando un cuento se diseña solo para transmitir un mensaje moral, corre el riesgo de perder su capacidad de asombro y su profundidad narrativa. Gerchunoff denomina a este fenómeno el imperativo de lo edificante, una presión social y educativa que exige que cada página leída por un niño tenga una finalidad práctica en su desarrollo moral. Sin embargo, la lectura tiene beneficios que van mucho más allá de la instrucción directa:
Es fundamental entender que los niños son lectores capaces de apreciar la complejidad. Al ofrecerles únicamente cuentos con moralejas evidentes, se les está privando de la oportunidad de interpretar el texto por sí mismos. Un buen libro infantil es aquel que permite múltiples lecturas y que no ofrece respuestas cerradas, sino que abre nuevas preguntas. La literatura debe ser un espacio de libertad donde el niño pueda explorar emociones y situaciones sin sentirse juzgado o guiado hacia una conclusión específica predeterminada por los adultos.
Por otro lado, la obsesión por lo útil en la lectura infantil refleja una sociedad que valora la productividad incluso en los momentos de ocio. Si un niño lee, parece que debe estar aprendiendo algo tangible. No obstante, el verdadero valor de los cuentos reside en su capacidad de conectar con el lector de manera íntima y subjetiva. Los expertos sugieren que la mejor manera de fomentar el hábito lector es permitir que los niños elijan historias que les atrapen por su trama, su humor o su belleza visual, independientemente de si tratan un tema social de actualidad.
En conclusión, recuperar el sentido artístico de la literatura para niños es esencial para formar lectores críticos y apasionados. Los cuentos deben volver a ser puertas hacia otros mundos y no solo manuales de instrucciones para la vida. Al liberar a los libros del peso de educar obligatoriamente, permitimos que cumplan su función más noble: la de acompañar al ser humano en su descubrimiento del mundo a través de la palabra y la imaginación pura.