Ciencia
24/08/2026 00:30
El matemático iraní destaca por sus avances en algoritmos complejos y reflexiona sobre su realidad personal en Estados Unidos
El matemático Shayan Oveis Gharan, nacido en Isfahán, Irán, hace 34 años, ha alcanzado la cúspide de la ciencia de la computación este verano tras ser galardonado con la Medalla Abacus 2026. Este reconocimiento es considerado el más prestigioso a nivel mundial para investigadores menores de 40 años en el ámbito de los algoritmos y la computación teórica. Su trayectoria profesional en Estados Unidos se ha caracterizado por una capacidad excepcional para resolver enigmas que habían permanecido estancados durante décadas, consolidando su posición como una de las mentes más brillantes de su generación.
Uno de los logros más destacados de Oveis Gharan ha sido la mejora en la aproximación al problema del viajante. Junto a su antiguo estudiante, Nathan Klein, logró superar un límite de eficiencia que no se había movido desde el año 1976. Este problema matemático, fundamental en la informática teórica, busca encontrar la ruta más corta posible que visite un conjunto de ciudades y regrese al punto de origen. La relevancia de este hallazgo no se queda en el papel, ya que tiene aplicaciones directas en múltiples sectores industriales y científicos:
Además de su trabajo con el problema del viajante, Oveis Gharan ha realizado aportaciones críticas en el estudio de las cadenas de Markov. En colaboración con la investigadora Nima Anari, ha logrado resolver diversas conjeturas abiertas que permiten simular sistemas complejos con una precisión sin precedentes. Estos modelos matemáticos son herramientas esenciales en la ciencia moderna, facilitando avances en campos tan diversos como la física estadística y el aprendizaje automático o machine learning.
Gracias a estos algoritmos desarrollados por el profesor Oveis Gharan, es posible predecir comportamientos en entornos con variables aleatorias, lo que optimiza la toma de decisiones en el entrenamiento de modelos complejos de inteligencia artificial. A pesar de su rotundo éxito académico y profesional en Norteamérica, el matemático no olvida sus raíces ni la complejidad geopolítica que rodea su vida cotidiana. Su reflexión sobre el destino final de sus impuestos subraya la tensión ética a la que se enfrentan muchos científicos inmigrantes en la actualidad.
Al realizar el cálculo personal de cómo sus contribuciones financieras en Estados Unidos podrían estar relacionadas con acciones militares en su país de origen, pone de manifiesto la profunda faceta humana que existe tras los complejos algoritmos matemáticos. Su historia personal y profesional es un recordatorio de que la excelencia científica no está aislada de la realidad social y política global. En definitiva, la concesión de la Medalla Abacus 2026 no solo premia su genialidad técnica en el área de la computación, sino que también pone el foco en un investigador profundamente consciente de su impacto y de su lugar en el mundo actual.