Campo
21/08/2026 19:04
De los remates en Daireaux a ser referentes del mercado, la firma familiar mantiene el valor de la palabra como eje central
En el competitivo mundo de los agronegocios en Argentina, pocas instituciones logran alcanzar la longevidad y el prestigio de las firmas familiares que se transforman en una forma de vida. La empresa Alfonso P. Monasterio celebra hoy su 75 aniversario, consolidada como una de las consignatarias referentes del país. La historia comenzó en 1951, cuando Alfonso Pablo Monasterio inició su recorrido por los caminos rurales del oeste bonaerense, organizando remates de hacienda con una visión que trascendería tres generaciones. Lo que empezó como un emprendimiento local en la ciudad de Daireaux se convirtió, con el paso de las décadas, en un sello distintivo de la ganadería nacional basado en el respeto y el valor de la palabra empeñada.
Alfonso Monasterio, actual representante de la tercera generación, asume hoy la conducción con el peso y el orgullo de un legado histórico. Durante la charla con medios especializados, recordó la figura de su abuelo como un hombre habilidoso y capaz, que supo ver el potencial de los remates en localidades como Pirovano, Bonifacio, La Larga y Arboledas. En aquellos años fundacionales, la actividad demandaba un esfuerzo físico y logístico inmenso, sin la existencia de herramientas digitales ni comunicaciones instantáneas. El éxito dependía exclusivamente de la presencia permanente en el territorio y de la confianza construida cara a cara con los productores locales. Los hitos más relevantes de esta trayectoria incluyen:
Detrás del éxito comercial, Alfonso subraya que el verdadero motor de la empresa ha sido la capacidad de atravesar las crisis económicas del país manteniendo la integridad. Desde las madrugadas en el Mercado de Liniers hasta las discusiones estratégicas entre padres e hijos para modernizar los procesos, la firma ha sabido evolucionar sin perder su esencia. El desafío actual de Monasterio no solo radica en mantener la rentabilidad, sino en honrar diariamente la memoria de su abuelo en un contexto donde la tecnología ha reemplazado los encuentros personales, pero donde la confianza sigue siendo el activo más valioso de cualquier negocio agropecuario.