Ciencia

22/08/2026 00:30

El mar no olvida: científicas españolas investigan la contaminación en aguas profundas

El proyecto One Blue analiza sedimentos a cinco mil metros para rastrear la huella química humana

El mar no olvida: científicas españolas investigan la contaminación en aguas profundas

A bordo del buque de investigación oceanográfica Sarmiento de Gamboa, la ciencia se convierte en una labor de paciencia y precisión cronométrica. En este entorno, el tiempo no se mide solo en horas, sino en la profundidad de los tubos que extraen sedimentos a más de 5.000 metros bajo la superficie del océano Atlántico. Estas muestras no son simples depósitos de arena y lodo; representan auténticos archivos históricos que guardan el registro de la actividad humana y su impacto en el ecosistema marino durante las últimas décadas. Bajo la dirección de las investigadoras españolas Marinella Farré y Marta Llorca, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), el proyecto One Blue se ha propuesto desvelar los secretos que esconden estas profundidades abisales.

Investigación europea sobre contaminantes emergentes

El proyecto One Blue es una iniciativa ambiciosa que integra a más de un centenar de científicos procedentes de 11 países europeos. Su objetivo principal es rastrear la presencia de contaminantes emergentes en zonas donde, teóricamente, la intervención humana es inexistente. Estos contaminantes incluyen una amplia gama de sustancias químicas, desde residuos farmacéuticos hasta microplásticos y aditivos industriales, que viajan a través de las corrientes marinas y terminan depositándose en el lecho oceánico. Las científicas españolas lideran este esfuerzo para comprender cómo estas sustancias afectan a la biodiversidad y a los ciclos biológicos del océano profundo.

La importancia de este estudio radica en la capacidad del mar para actuar como un sumidero de la contaminación global. Los sedimentos extraídos funcionan como una línea del tiempo: cuanto más profundo se excava, más atrás se viaja en la historia de la industrialización. Los hallazgos preliminares sugieren que la huella química del ser humano es mucho más extensa de lo que se pensaba originalmente, alcanzando ecosistemas que se consideraban prístinos. Esta realidad subraya una advertencia clara: el mar no olvida ni perdona los residuos que vertemos en él, simplemente los almacena en sus rincones más recónditos.

El trabajo realizado en el Sarmiento de Gamboa implica desafíos logísticos y técnicos extremos. Operar instrumental a presiones aplastantes requiere tecnología de vanguardia y una coordinación perfecta entre los equipos de investigación. Las muestras recolectadas son analizadas posteriormente en laboratorios terrestres utilizando técnicas de espectrometría de masas para identificar compuestos específicos en concentraciones mínimas. Gracias a este esfuerzo multidisciplinar, se están estableciendo nuevos protocolos para la protección de las aguas profundas.

En resumen, la labor de Farré, Llorca y su equipo es fundamental para:

  • Identificar nuevos contaminantes que llegan a las zonas abisales.
  • Evaluar el impacto de la actividad humana en ecosistemas remotos.
  • Desarrollar estrategias de mitigación basadas en datos científicos sólidos.
  • Concienciar a la sociedad sobre la persistencia de los residuos químicos en el medio ambiente.

Este rescate de los archivos secretos de la contaminación permite no solo entender el pasado, sino también prever las consecuencias futuras de nuestras acciones actuales sobre el equilibrio planetario.

Destacado