Campo
21/08/2026 08:25
Una familia de Necochea perdió más de cien ovejas y advierte por la presencia cada vez más frecuente de estos predadores
La creciente presencia de pumas en el sudeste de la provincia de Buenos Aires ha dejado de ser una curiosidad de la fauna silvestre para convertirse en una amenaza real y constante para los productores agropecuarios. En la localidad de Juan Nepomuceno Fernández, perteneciente al partido de Necochea, la familia Galli vive una situación desesperante. Según denuncian, los ataques de estos predadores se han vuelto sistemáticos, diezmando su producción de ovinos y generando un clima de temor constante entre quienes habitan y trabajan en los establecimientos rurales.
Viviana Galli, productora rural y prestadora de servicios, relató con angustia que sus padres, Mario y Susana, han visto cómo su majada de ovejas se reducía drásticamente en los últimos tres o cuatro años. La cifra es alarmante: más de cien animales han muerto bajo las garras de los pumas en una sola región. Lo que comenzó como un evento esporádico se ha transformado en una crisis productiva total que pone en riesgo el sustento de la familia y la viabilidad de la cría de ovejas en la zona.
La situación no se limita únicamente al partido de Necochea. Tras difundir su caso, la familia Galli recibió numerosos reportes similares de diversas localidades cercanas, lo que sugiere una expansión del hábitat o un aumento significativo de la población de este felino en áreas destinadas a la producción agropecuaria. Los testimonios coinciden en que los encuentros con estos animales son cada vez más frecuentes y a plena luz del día.
La preocupación se extiende por todo el sudeste bonaerense, donde los productores se sienten desprotegidos frente al avance de la fauna silvestre sobre el ganado doméstico.
Los productores de la región reclaman una intervención urgente de las autoridades ambientales y de asuntos agrarios. Si bien el puma es una especie protegida, el conflicto con la actividad ganadera requiere una gestión equilibrada que contemple tanto la preservación de la fauna como la seguridad de las familias rurales. La familia Galli insiste en que la situación es insostenible y que el miedo a encontrarse con estos predadores durante las tareas diarias es una preocupación que afecta la calidad de vida de toda la comunidad rural, que ve cómo sus majadas desaparecen sin soluciones a la vista.