Familia
20/08/2026 00:30
La psicóloga reflexiona sobre los errores de la crianza moderna y la necesidad de priorizar el vínculo afectivo
En la actualidad, la crianza se encuentra en una encrucijada marcada por el exceso de información y una presión social sin precedentes. A pesar de que los progenitores disponen de múltiples recursos sobre psicología y desarrollo, nunca antes se había registrado un nivel de preocupación tan alto sobre el desempeño parental. Laura Estremera, reconocida psicóloga y experta en atención temprana, advierte que es fundamental detenerse y reflexionar sobre cómo estamos acompañando los primeros años de vida de los niños. Según la especialista, el bombardeo constante de consejos en redes sociales y la obsesión por la estimulación precoz están desplazando lo que realmente importa: la conexión emocional y el respeto por el ritmo biológico del menor.
Uno de los mayores errores de la sociedad contemporánea es tratar la infancia como una etapa de preparación para el éxito futuro, en lugar de vivirla como un periodo de valor intrínseco. Estremera destaca que hemos caído en la trampa de los idiomas desde la cuna, el uso excesivo de pantallas como herramientas de distracción y una agenda repleta de actividades extraescolares. Estas prácticas, aunque a menudo bienintencionadas, suelen ignorar que el cerebro infantil requiere de calma, juego libre y, sobre todo, de figuras de referencia presentes. Es urgente cambiar la mirada que tenemos de los primeros años de vida, dejando de ver al niño como un proyecto que hay que perfeccionar y empezando a verlo como un ser humano con necesidades específicas de seguridad y afecto.
La experta subraya algunos pilares fundamentales que deberían guiar la crianza hoy en día:
Para lograr este cambio de paradigma, es necesario que los adultos recuperen la confianza en su propia intuición y capacidad de observación. La psicóloga insiste en que educar no debería ser una tarea técnica supervisada por expertos de forma constante, sino un proceso de acompañamiento basado en la empatía. Al simplificar nuestras expectativas y centrarnos en el bienestar emocional, no solo reducimos la ansiedad de los padres, sino que permitimos que los niños crezcan en un entorno más humano y equilibrado. En definitiva, la transformación de la crianza pasa por entender que lo más importante en los primeros años no es cuánto aprende un niño, sino cómo se siente mientras descubre el mundo.