Exterior
15/08/2026 07:33
El régimen afgano conmemora el aniversario de la toma de Kabul entre críticas internacionales por la represión femenina
El régimen de los talibanes ha conmemorado este sábado el quinto aniversario de su regreso al poder en Afganistán, un hito que han calificado con orgullo como una victoria definitiva sobre las potencias occidentales. Tras la precipitada salida de las tropas de Estados Unidos y sus aliados en agosto de 2021, el grupo fundamentalista ha logrado consolidar un control territorial absoluto en toda la geografía afgana, aunque este éxito militar ha venido acompañado de un aislamiento internacional casi total y una crisis humanitaria que no deja de agravarse día tras día. Las celebraciones se han llevado a cabo principalmente en la capital, Kabul, y en el antiguo bastión del grupo, Kandahar, donde los desfiles militares han servido para mostrar el armamento pesado capturado durante la retirada de las fuerzas extranjeras.
Durante este lustro de gobierno, la situación de los derechos humanos ha sufrido un retroceso sin precedentes, afectando de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas. El Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio ha implementado una serie de decretos restrictivos que prohíben la educación secundaria y universitaria para la población femenina, así como su participación en la mayoría de los sectores del empleo público. Las organizaciones internacionales y la ONU advierten que estas medidas constituyen un sistema de exclusión sistemática que aleja a Afganistán del resto del mundo moderno. Entre las consecuencias más graves observadas en este periodo se encuentran:
A pesar de las banderas que ondean en los edificios gubernamentales, la realidad cotidiana para el ciudadano medio es de extrema dureza. La dependencia de la ayuda humanitaria externa sigue siendo crítica para la supervivencia de millones de personas, mientras que el reconocimiento diplomático oficial por parte de la comunidad internacional brilla por su ausencia. Los líderes del emirato mantienen un discurso desafiante, asegurando que han logrado pacificar el país y erradicar la corrupción endémica que caracterizaba a los gobiernos anteriores apoyados por Washington. El futuro del país sigue siendo una incógnita, atrapado entre la rigidez ideológica del régimen y la necesidad urgente de integración económica para evitar una hambruna generalizada en las provincias más remotas.