Deporte
13/08/2026 23:55
El exjugador del Manchester United debutó en el Gigante de Arroyito bajo un clima de hostilidad folclórica
La Copa Libertadores de América siempre ofrece historias que rozan lo surrealista, y el último enfrentamiento en el Gigante de Arroyito no fue la excepción a esta regla histórica. La llegada de figuras internacionales de renombre al fútbol sudamericano suele generar una mezcla de respeto y curiosidad entre los aficionados locales, pero en el caso de Jesse Lingard, el recibimiento fue fiel al estilo apasionado, ruidoso y provocador del hincha argentino. El volante inglés, que recientemente sorprendió al mercado al incorporarse a las filas del Corinthians de Brasil, vivió en carne propia lo que significa jugar en uno de los estadios más calientes y vibrantes de la ciudad de Rosario.
Cuando el reloj marcaba el inicio del segundo tiempo y el entrenador del equipo brasileño decidió enviar a Lingard al campo de juego para intentar cambiar el rumbo del partido, el estadio estalló en un grito unánime que paralizó a los espectadores neutrales. Lejos de las ovaciones medidas que el exjugador del Manchester United solía recibir en los estadios de la Premier League, los simpatizantes de Rosario Central le dieron una bienvenida que rápidamente se volvió viral en todas las plataformas digitales. El cántico "el que no salta es un inglés" retumbó con una fuerza estremecedora en cada rincón de las tribunas, marcando un contraste absoluto con la atmósfera más contenida de los estadios europeos. Este fenómeno resalta varios aspectos fundamentales del fútbol moderno en nuestra región:
A pesar de su vasta experiencia en la selección nacional de Inglaterra y en clubes de primer nivel mundial, a Lingard se lo vio visiblemente sorprendido por la intensidad del ambiente rosarino durante sus primeros minutos. El mediocampista intentó conectarse rápidamente con el circuito de juego y mostrar pinceladas de su indudable calidad técnica, pero la marca asfixiante de los volantes de Central y el ruido ensordecedor de la multitud limitaron severamente su incidencia en el resultado final del encuentro. Este tipo de enfrentamientos demuestra fehacientemente que, en el marco de la Copa Libertadores, el currículum de un jugador queda en segundo plano cuando se enfrenta a la mística y el fervor incontrolable de los equipos argentinos. Para Rosario Central, este partido no solo significó un desafío deportivo de gran importancia, sino también una oportunidad para ratificar que su localía sigue siendo un baluarte inexpugnable para cualquier rival, sin importar los nombres propios que vistan la camiseta contraria.