Campo
13/08/2026 14:31
Brasil avanza con una nueva regulación de biocombustibles mientras el sector agroindustrial argentino reclama cambios urgentes para no perder competitividad
El panorama regional en el sector de las bioenergías está experimentando un cambio drástico que pone en jaque la competitividad de la agroindustria local. Mientras Brasil da pasos agigantados para consolidarse como el líder indiscutido en la producción de combustibles sostenibles, la Argentina enfrenta un estancamiento que preocupa profundamente a los exportadores. Recientemente, la administración de Luiz Inácio Lula da Silva reglamentó el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), una medida que no solo busca reducir las emisiones de carbono, sino también transformar la matriz energética y económica del país vecino de manera definitiva.
Esta nueva normativa brasileña establece un marco legal claro para la producción, certificación y comercialización del combustible sostenible de aviación (SAF). Esta industria es vista a nivel global como uno de los pilares fundamentales para la transición energética en el transporte aéreo, un mercado con un potencial de crecimiento exponencial. Sin embargo, en el territorio nacional, el sentimiento dominante entre los empresarios es de frustración. Los exportadores argentinos sostienen que la falta de una actualización legislativa está dejando al país fuera de la competencia global, relegándolo a lo que definen gráficamente como un "banco de suplentes" en el mercado internacional.
Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), ha sido tajante en sus críticas hacia el actual estado de las normas. Según el directivo, la disparidad en las políticas públicas entre ambos socios del Mercosur es cada vez más evidente y peligrosa para el futuro económico. Entre los puntos que destaca el sector, se encuentran:
El potencial argentino para proveer las materias primas necesarias para el SAF, como el aceite de soja, es enorme. No obstante, sin un marco legal que fomente la inversión privada y la agregación de valor en origen, estas materias primas podrían terminar siendo exportadas sin procesamiento hacia países que sí tienen una industria desarrollada. La agroindustria argentina reclama urgentemente una ley que no solo promueva las bioenergías, sino que permita al país competir de igual a igual en un mundo que demanda soluciones energéticas cada vez más limpias.
Para los especialistas, la demora en la sanción de normativas modernas no es solo una cuestión de papeles, sino un obstáculo económico real que frena la creación de miles de empleos de calidad y la entrada genuina de divisas. Mientras el mundo avanza hacia metas de descarbonización estrictas para el año 2030, la Argentina parece estar perdiendo una oportunidad histórica por no adaptar su legislación a las exigencias tecnológicas y ambientales del siglo XXI.