Campo
11/08/2026 03:00
Un productor mendocino decide reemplazar sus cultivos familiares para adaptarse a las demandas del mercado internacional
En el corazón productivo de San Carlos, en la provincia de Mendoza, la realidad económica actual ha forzado a los productores locales a tomar decisiones drásticas respecto a sus cultivos tradicionales. Claudio Giusti, un productor de segunda generación con una profunda conexión con la tierra, ha comenzado el doloroso proceso de arrancar los manzanos que su padre plantó con gran esfuerzo hace más de veintiséis años. Este cambio estructural no responde únicamente a una renovación técnica necesaria, sino a una imperante necesidad de supervivencia financiera ante un mercado nacional que ya no remunera el cultivo de manzanas de manera competitiva o rentable.
La historia de la finca ubicada en la zona de La Consulta es un reflejo fiel de lo que está ocurriendo en muchas áreas rurales de la provincia cuyana. Durante más de dos décadas, la familia Giusti mantuvo la esperanza de que la oferta disminuyera lo suficiente como para elevar los precios de la manzana en el mercado interno, permitiendo así recuperar los márgenes de ganancia. Sin embargo, esa recuperación nunca se materializó, y los costos de producción continuaron su senda alcista. Según relata el propio Giusti, la rentabilidad se ha visto seriamente erosionada año tras año por factores macroeconómicos y cambios en el consumo, lo que finalmente lo obligó a buscar alternativas viables para mantener operativa su unidad productiva y no abandonar la actividad agrícola por completo.
La decisión estratégica de reemplazar los antiguos manzanos por nuevos cultivos de ciruelos se fundamenta en diversos factores clave que definen el sector agrícola contemporáneo:
A pesar del innegable vínculo emocional con los árboles que vio crecer y producir desde su niñez, el productor enfatiza que la sostenibilidad del negocio familiar debe primar sobre el sentimiento de nostalgia. Para Giusti, separar la parte emocional de la gestión comercial es el único camino posible para asegurar que la tierra siga siendo productiva y continúe generando empleo genuino en la región mendocina.
El panorama actual para el campo en Mendoza muestra una tendencia irreversible hacia la diversificación y la búsqueda incansable de nichos de exportación. La apuesta por la ciruela representa una luz de esperanza para aquellos productores que se resisten a la desaparición de sus fincas. Con el apoyo de nuevas tecnologías de riego y una visión orientada a los mercados globales, la transformación de estas hectáreas podría marcar el inicio de un ciclo económico renovado para la zona, devolviendo la viabilidad a un sector que es pilar fundamental de la identidad provincial.