Campo

09/08/2026 01:01

El histórico casco de estancia que sobrevive en medio de la ciudad de Buenos Aires

La historia de la chacra de los Remedios y el legado de la familia Olivera en el actual Parque Avellaneda

El histórico casco de estancia que sobrevive en medio de la ciudad de Buenos Aires

En el corazón de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, rodeado por el ruido del tránsito y la modernidad de la autopista 25 de Mayo, resiste un edificio que transporta a los visitantes a una época rural ya olvidada. Se trata del antiguo casco de la estancia Los Remedios, un testimonio arquitectónico de cuando el actual trazado urbano era una vasta extensión de campos, molinos y pastoreo. Este sitio histórico representa una conexión directa con las raíces agropecuarias que forjaron la identidad de la nación argentina mucho antes de la expansión de la cuadrícula urbana.

Desde el siglo XVII hasta la modernidad urbana

Los orígenes de este predio se remontan al siglo XVII, una época en la que se repartían las denominadas suertes de chacras en la margen izquierda del Riachuelo. En aquel entonces, el territorio se extendía hasta el arroyo Maldonado, abarcando lo que hoy conocemos como los barrios de Flores y Parque Avellaneda. Con el paso de los años, la propiedad tuvo diversos dueños, incluyendo a las Hermanas de la Santísima Caridad, quienes en 1755 fundaron allí el Asilo de Huérfanas y consagraron un oratorio a Nuestra Señora de los Remedios, nombre que aún identifica al casco histórico.

Hacia el año 1828, la historia de la propiedad tomó un rumbo definitivo cuando fue adquirida en remate público por Domingo Olivera, un inmigrante nacido en la región de Ambato, actual Ecuador. Olivera no solo adaptó la vieja casona para su vida familiar, sino que transformó la chacra en un centro de innovación agrícola y ganadera para la época. Bajo su gestión, se instalaron diversos elementos productivos que marcaron un hito en la zona:

  • Un tambo modelo para el abastecimiento de leche fresca a la población creciente.
  • Un molino de trigo de última generación que proveía de harina para el pan de los vecinos de Flores.
  • Sistemas de rotación de cultivos para mejorar la fertilidad del suelo y la productividad.
  • La cría de ganado seleccionado para mejorar la genética local de los rodeos argentinos.

Domingo Olivera fue un pionero con un profundo espíritu de progreso, valores que transmitió a sus descendientes. Su filosofía de trabajo se basaba en el esfuerzo constante, comparando la labor humana con la del hornero, que construye sin mirar al cielo ni esperar milagros. A pesar de enfrentar desafíos climáticos extremos como sequías prolongadas y la dureza de los pastos naturales, la familia Olivera logró consolidar un patriarcado agrícola que influyó notablemente en el desarrollo social y económico del suroeste porteño.

Hoy en día, este casco de estancia funciona como el centro cultural del Parque Avellaneda, permitiendo que las nuevas generaciones comprendan cómo era la vida en el campo porteño hace dos siglos. La preservación de este patrimonio es fundamental para no perder de vista la evolución del paisaje urbano y el esfuerzo de los pioneros que vieron en la tierra el motor del crecimiento nacional. La casona sigue en pie, recordándonos que bajo el asfalto de Buenos Aires, alguna vez latieron con fuerza los ritmos de la siembra y la cosecha.

Destacado