Campo

08/08/2026 14:31

La expansión de los cultivos alternativos alcanza las 160.000 hectáreas en Argentina

El auge de la colza, el cártamo y la camelina transforma la rotación de invierno en el campo

La expansión de los cultivos alternativos alcanza las 160.000 hectáreas en Argentina

La agricultura argentina vive una transformación significativa con la consolidación de cultivos que, hasta hace poco, eran considerados alternativas marginales. La incorporación de la colza, el cártamo y la camelina ha ganado un terreno considerable, alcanzando en la campaña 2026 unas 160.000 hectáreas certificadas bajo programas de incentivo. Este crecimiento no solo responde a una búsqueda de mayor rentabilidad por parte de los productores, sino también a una estrategia global liderada por compañías como Bunge para intensificar el uso sustentable del suelo y generar materias primas con una menor huella de carbono. La tendencia fue analizada en profundidad durante el último Congreso de Aapresid en Rosario.

Beneficios agronómicos y oportunidades en el mercado mundial

El avance de estas oleaginosas de invierno representa una herramienta fundamental para los productores que buscan diversificar sus sistemas y mejorar la salud de sus campos. El aprovechamiento de períodos que tradicionalmente quedaban en barbecho permite una gestión más eficiente de los recursos y un control natural de malezas. Los expertos destacaron varios puntos clave sobre este boom productivo:

  • Sostenibilidad ambiental: Estos cultivos capturan carbono y mejoran la estructura del suelo, cumpliendo con las exigencias de los mercados internacionales más rigurosos.
  • Nuevos ingresos: El productor logra diversificar su entrada de divisas con cultivos que tienen una demanda creciente en la industria de los biocombustibles.
  • Tecnología aplicada: La mejora en la genética y el manejo agronómico permite obtener rendimientos competitivos frente a los cultivos tradicionales de invierno.

Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, enfatizó que cualquier transformación en la matriz productiva nacional requiere un trabajo conjunto entre la industria y los productores primarios. El objetivo es abastecer mercados mundiales que hoy premian la sustentabilidad y la trazabilidad de los procesos. Con la llegada de un año Niño y mejores condiciones de precios internacionales, el sector agropecuario vuelve a apostar por la innovación tecnológica. La colza, el cártamo y la camelina ya no son solo alternativas de nicho, sino componentes esenciales de una rotación moderna que busca maximizar la productividad sin comprometer la salud del ecosistema. Este fenómeno posiciona a la Argentina como un proveedor estratégico de biomasa para la transición energética global, asegurando un futuro donde la eficiencia y el cuidado del medio ambiente van de la mano.

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