Exterior
07/08/2026 00:30
La retención de impuestos palestinos por parte del Gobierno israelí provoca el colapso del sistema sanitario y educativo.
La localidad cisjordana de Aktaba se ha convertido en el reflejo de una crisis silenciosa pero devastadora que afecta a miles de personas. Cada martes, una escuela vacía se transforma temporalmente en una clínica ambulante para atender a cientos de palestinos que carecen de servicios básicos. El vacío en las aulas durante esos días no se debe a festividades locales, sino a la asfixia económica que Israel ejerce sobre la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Esta presión financiera ha forzado la reducción de los salarios públicos a la mitad y ha limitado las clases presenciales a solo tres días por semana, afectando gravemente el futuro de los estudiantes en toda la región. La precariedad se ha normalizado en un entorno donde el acceso a derechos fundamentales como la educación y la salud depende ahora de una voluntad política externa que parece decidida a estrangular la administración local.
Desde el año 2019, Israel ha retenido aproximadamente 4.000 millones de euros procedentes de impuestos y aranceles recaudados en nombre de la ANP. Según los acuerdos internacionales vigentes, el Gobierno israelí está obligado a transferir estos fondos íntegramente, pero las retenciones constantes han generado un agujero fiscal insostenible. Esta situación ha provocado que la sanidad pública se encuentre al borde del colapso total, dejando a la población civil en una situación de vulnerabilidad extrema sin precedentes en la última década. La falta de liquidez impide la compra de equipos médicos básicos y el pago de suministros eléctricos en los hospitales, lo que compromete incluso las intervenciones quirúrgicas de urgencia.
La carencia de recursos es tan crítica que organizaciones independientes deben intervenir para suplir el vacío institucional de forma intermitente. En una jornada reciente, la clínica móvil gestionada por Médicos por los Derechos Humanos - Israel atendió a 520 personas, una cifra muy superior a la media habitual de 350 pacientes por día. Los ciudadanos acuden a estos puestos de auxilio buscando soluciones que el sistema oficial ya no puede ofrecer debido a los recortes masivos. Entre las principales necesidades detectadas por los equipos médicos en el terreno se encuentran las siguientes:
La guerra económica no solo afecta a los grandes presupuestos estatales, sino que se infiltra en la vida cotidiana de las familias más pobres de Cisjordania. Muchos pacientes se ven obligados a elegir diariamente entre comprar alimentos básicos o adquirir la insulina necesaria para su tratamiento vital. La parálisis administrativa ha provocado que las citas para cirugías menores se posterguen de manera indefinida, agravando cuadros clínicos que inicialmente eran sencillos de tratar con una intervención temprana. La comunidad internacional observa con preocupación cómo este bloqueo financiero erosiona la infraestructura social, mientras las ONGs advierten que su capacidad de respuesta es limitada ante la magnitud de la demanda actual en las zonas más aisladas.