Campo
02/08/2026 11:01
Cuáles son las medidas preventivas y estrategias necesarias ante el pronóstico de lluvias extraordinarias
La memoria colectiva del sector agropecuario argentino guarda un recuerdo nítido y doloroso: el fenómeno de El Niño ocurrido en el año 1998. Aquel evento climático extremo no solo inundó millones de hectáreas productivas, sino que destruyó gran parte de la infraestructura de transporte rural, cortó caminos estratégicos durante casi dieciocho meses y provocó un éxodo rural sin precedentes en regiones clave. Hoy, los modelos meteorológicos internacionales más prestigiosos vuelven a encender las alarmas al prever un desarrollo similar con un Niño fuerte para la próxima temporada de primavera y verano en el Cono Sur. La alta probabilidad de registrar lluvias extraordinarias pone nuevamente en jaque la logística de granos, el transporte de hacienda y la habitabilidad de las zonas rurales si no se toman medidas preventivas de manera inmediata y coordinada.
La cuenca que se extiende desde el sur de la provincia de Córdoba, atravesando la conflictiva laguna de La Picasa y afectando directamente al oeste y centro de la provincia de Buenos Aires, es una de las áreas más vulnerables identificadas por los especialistas. En 1998, la incomunicación total de los pueblos y establecimientos fue el factor que más daño económico y social causó, incluso por encima de la pérdida directa de los cultivos en el lote. Ante este panorama preocupante, productores referentes como Juan Balbín, productor de General Villegas y ex presidente de CREA y del INTA, instan a toda la comunidad agropecuaria a actuar con máxima anticipación. El primer paso crítico es ejercer una presión activa y organizada sobre los municipios y entes viales para que realicen las obras de infraestructura básica necesarias mientras el terreno todavía permite el ingreso de maquinaria pesada.
Las acciones recomendadas por los expertos para prevenir el aislamiento de las familias rurales y evitar la pérdida masiva de producción incluyen una serie de puntos fundamentales que deben abordarse ahora mismo:
El impacto de un fenómeno de El Niño de gran intensidad no se limita únicamente al rendimiento de los cultivos, que en algunos casos específicos puede verse favorecido por la mayor disponibilidad de humedad en el perfil del suelo, sino que se manifiesta cruelmente en la logística operativa. Trabajar en condiciones de barro extremo multiplica los costos de combustible y mantenimiento, además de degradar la maquinaria agrícola de forma acelerada. Por ello, la prevención climática no debe ser vista como un gasto superfluo, sino como una inversión de seguridad para resguardar la continuidad de la empresa familiar. La historia de 1998 sirve como una advertencia clara de que la falta de previsión en la infraestructura rural puede transformar lo que debería ser una bendición de lluvias en una catástrofe económica para las comunidades del interior.