Familia

31/07/2026 00:30

Manuel Antonio Fernández, el Neuropediatra, advierte sobre la falta de rutinas en verano para niños con TDAH

La importancia de mantener estructuras básicas para garantizar el bienestar emocional de menores con necesidades especiales

Manuel Antonio Fernández, el Neuropediatra, advierte sobre la falta de rutinas en verano para niños con TDAH

Las vacaciones estivales suelen ser sinónimo de desconexión total, improvisación y falta de horarios rígidos. Sin embargo, para las familias que conviven con niños que presentan Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o Trastorno del espectro autista (TEA), este cambio radical de paradigma puede resultar sumamente contraproducente. Manuel Antonio Fernández, reconocido especialista conocido como el Neuropediatra, subraya que la desaparición absoluta de la estructura puede generar altos niveles de ansiedad, irritabilidad y desajustes conductuales significativos en estos menores.

Por qué el cerebro con TDAH necesita estructura incluso en vacaciones

La predictibilidad es una de las herramientas más potentes para la regulación emocional en niños con perfiles neurodivergentes. Mientras que para un adulto la improvisación constante se interpreta como libertad, para un niño con TDAH puede significar una sensación de caos e incertidumbre difícil de gestionar. Durante el curso escolar, las agendas, las actividades extraescolares y las rutinas domésticas marcan el camino a seguir, permitiendo que el niño sepa qué se espera de él en cada momento del día. Al llegar el verano, el paso brusco al estilo de vida del ya veremos sobre la marcha rompe ese equilibrio interno, obligando al cerebro a realizar un esfuerzo de adaptación agotador.

Estrategias prácticas para mantener el equilibrio familiar

Para evitar crisis innecesarias y asegurar que el periodo de descanso sea realmente reparador para todos los miembros del hogar, el doctor Fernández sugiere aplicar ciertas pautas de organización sin renunciar al espíritu vacacional:

  • Mantener horarios básicos estables: Aunque se permita cierta flexibilidad, conservar una hora constante para las comidas principales y el descanso nocturno ayuda a regular los ritmos biológicos.
  • Anticipar los cambios de planes: Si se va a realizar un viaje, una mudanza a una segunda residencia o una excursión, es vital explicarlo con antelación utilizando calendarios o apoyos visuales.
  • Organizar el tiempo de ocio: No se trata de saturar al menor con tareas, sino de establecer bloques de tiempo claros para el juego, el deporte y el descanso digital.
  • Establecer normas claras: Las reglas de convivencia deben seguir vigentes aunque el entorno cambie, proporcionando un marco de seguridad conductual.

En conclusión, el verano no tiene por qué convertirse en un periodo de tensión constante para las familias con necesidades especiales. Con una planificación mínima que respete la necesidad intrínseca de orden del sistema nervioso de estos niños, es posible disfrutar de un descanso saludable, reforzando los vínculos familiares y manteniendo los progresos terapéuticos alcanzados durante el año.

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