Campo
29/07/2026 08:00
Especialistas explican cómo transformar los restos de la cosecha en un recurso nutritivo mediante el proceso de ensilado.
El cultivo de tomate es uno de los más extendidos a nivel global, destacándose tanto en producciones a gran escala al aire libre como en invernaderos tecnificados. Sin embargo, más allá del fruto destinado al consumo fresco o industrial, existe un volumen significativo de residuos que, si se gestionan con conocimiento técnico, pueden convertirse en un aliado estratégico para la producción ganadera. Se estima que el residuo total de una cosecha de tomate se compone en un 45% de frutos descartados y un 55% de follaje, compuesto por hojas y tallos que poseen propiedades nutricionales de gran interés para el ganado.
La pulpa de tomate es el residuo industrial resultante del procesamiento de la fruta, compuesto principalmente por una mezcla de hollejos y semillas. Este material representa aproximadamente un quinto del peso total de la fruta fresca y posee un valor nutritivo que no debe subestimarse en los planteos productivos modernos. Es una fuente rica en proteínas, minerales y vitaminas, lo que la posiciona como un suplemento potencial de bajo costo en dietas para bovinos y otros rumiantes.
A pesar de sus beneficios, el uso directo de la pulpa o del fruto entero presenta limitaciones críticas cuando no se somete a un tratamiento de conservación adecuado. Los principales inconvenientes de utilizar tomate sin ensilar incluyen:
Para mitigar estos riesgos y aprovechar al máximo el recurso, los expertos recomiendan el proceso de ensilado. Esta técnica consiste en mezclar la pulpa con paja picada, rastrojo u otro tipo de fibra seca. El objetivo primordial es aumentar la superficie absorbente y reducir la humedad excesiva, logrando un producto estable y seguro para el consumo animal durante todo el año. La investigación en nutrición animal ha demostrado que el aprovechamiento de estos subproductos no solo beneficia la rentabilidad del productor, sino que también contribuye a la economía circular al reducir el desperdicio industrial. Es fundamental realizar análisis periódicos para monitorear la estabilidad del silo y asegurar que la dieta final sea equilibrada, transformando un desecho en una oportunidad productiva sustentable.