Campo
24/07/2026 19:59
El sector proyecta un incremento del 10% en la superficie destinada al forraje impulsado por la inversión en tecnología y los buenos precios de la hacienda
La actividad ganadera en Argentina atraviesa un ciclo de notable dinamismo y expansión, lo que ha generado un efecto derrame positivo en todos los sectores vinculados a la nutrición animal. Según las últimas proyecciones de la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF), la superficie dedicada a la elaboración de reservas experimentará uno de los crecimientos más significativos de los últimos años. Se estima que el área destinada a estos cultivos estratégicos aumentará entre 150.000 y 200.000 hectáreas en comparación con el ciclo anterior, lo que elevará el total nacional de 2 millones a aproximadamente 2,2 millones de hectáreas. Este incremento cercano al 10% refleja la firme confianza de los productores en la rentabilidad de la carne y la imperiosa necesidad de profesionalizar la alimentación del rodeo nacional.
Este fenómeno de expansión territorial no ocurre de forma aislada, sino que viene acompañado de una fuerte apuesta por la innovación técnica y la inversión en bienes de capital. Luego de varios años marcados por la incertidumbre económica y las severas restricciones a las importaciones, los contratistas rurales han retomado con fuerza la renovación de sus flotas de maquinaria. La adquisición de picadoras autopropulsadas de última generación, cabezales rotativos y equipos de henificación con tecnología de punta es una constante en las principales zonas productoras. Esta modernización del parque de maquinaria es crucial para garantizar la calidad nutricional del material ensilado, un factor que determina directamente la eficiencia de conversión en los sistemas de engorde intensivo y suplementación estratégica.
Luciano Toldo, presidente de la CACF, destacó que la ganadería de carne está viviendo un boom fabuloso, integrando procesos de alta eficiencia que históricamente eran más comunes en la producción lechera. El objetivo central de esta tendencia es reducir la vulnerabilidad del sistema ante las variaciones climáticas y las sequías recurrentes. Al asegurar una base forrajera sólida, los productores pueden mantener una carga animal superior por hectárea y garantizar una oferta de carne estable durante todo el año, independientemente de la estacionalidad de las pasturas naturales. En un contexto donde los valores de la hacienda se mantienen en niveles históricamente elevados, la inversión en reservas se consolida como el pilar fundamental para sostener la competitividad del sector cárnico argentino en los mercados globales más exigentes.