Campo
19/07/2026 13:55
La exportación de soja no transgénica se consolida como un nicho de alto valor para Areco Semillas
En un país donde la soja transgénica domina casi la totalidad del paisaje productivo, existe un espacio estratégico para la agricultura convencional. Detrás de los millones de hectáreas sembradas con biotecnología, se desarrolla un mercado de nicho sumamente exigente y rentable: los granos no GMO o no modificados genéticamente. Este segmento, aunque representa una escala menor en comparación con los commodities tradicionales, ofrece oportunidades de alto valor para empresas que pueden garantizar procesos estrictos de segregación y trazabilidad total. Recientemente, la firma argentina Areco Semillas concretó un hito importante al exportar un cargamento de 4000 toneladas de soja no GMO con destino a Estados Unidos.
Esta operación resalta la capacidad del agro argentino para cumplir con los estándares internacionales más rigurosos, donde el cliente final demanda pureza absoluta desde el lote de siembra hasta la entrega en el puerto de destino. La especialización se ha convertido en la herramienta principal para competir en mercados globales altamente regulados.
Gestionar un circuito de exportación de granos convencionales requiere una logística sumamente diferenciada que evite cualquier tipo de contaminación cruzada con variedades transgénicas. Roberto Coronel, titular de Areco Semillas, ha liderado este complejo proceso por más de 15 años, consolidando a su empresa familiar como un actor clave en este rubro de especialidades agrícolas. La firma opera principalmente desde los puertos de San Pedro y Campana en la provincia de Buenos Aires, enfocándose en un mercado que es íntegramente de exportación, dado que la demanda interna para estos granos es prácticamente inexistente en la actualidad.
El éxito sostenido de este modelo de negocio se basa en la ejecución de protocolos de control sumamente estrictos que incluyen:
Actualmente, Areco Semillas maneja volúmenes anuales que rondan las 50.000 toneladas de soja y unas 15.000 toneladas de girasol alto oleico, además de incursionar en otros cultivos no transgénicos demandados por mercados selectos. La rentabilidad de este negocio no reside en el volumen masivo, sino en los premios o sobreprecios que los compradores internacionales están dispuestos a pagar por granos que respeten su integridad genética original. Estados Unidos, con su tendencia creciente hacia el consumo de productos naturales, se presenta como un cliente fundamental para este tipo de producciones argentinas diferenciadas que priorizan la calidad sobre la cantidad.