Moda
17/07/2026 00:30
La artista reflexiona sobre el uso de la tecnología como herramienta de control y continuidad histórica en la fotografía
Tanit Plana, nacida en Barcelona en 1975, se ha consolidado como una de las figuras más reflexivas y vanguardistas de la fotografía contemporánea. Su trabajo no se limita a la simple captura de imágenes estáticas, sino que se expande hacia instalaciones de gran formato que cuestionan profundamente las estructuras de poder que rigen nuestra sociedad digital. A través de su extensa práctica, Plana explora la pedagogía de las imágenes y la política de los cuerpos, analizando minuciosamente cómo la tecnología moldea nuestra percepción de la realidad cotidiana. En sus proyectos más recientes, la artista ha integrado la inteligencia artificial como un eje central de su investigación artística y sociológica.
Para Tanit Plana, la irrupción de la inteligencia artificial no debe entenderse como un fenómeno aislado o meramente técnico, sino como la reactivación de una aspiración humana muy antigua: la creación de un archivo total capaz de registrar, organizar y clasificar la totalidad del mundo conocido. Esta ambición de control absoluto, que antes pertenecía a los grandes imperios y bibliotecas, se manifiesta ahora a través de algoritmos y redes neuronales que procesan cantidades masivas de datos visuales. Según la artista, la inteligencia artificial funciona como un dispositivo de continuidad para los sistemas de control tradicionales, perpetuando sesgos, prejuicios y estructuras de vigilancia bajo un manto de supuesta neutralidad tecnológica.
Su enfoque artístico destaca varios puntos críticos sobre la relación simbiótica entre el ser humano y la máquina:
El trabajo de Plana invita al espectador a reflexionar sobre si estamos construyendo herramientas para el conocimiento o simplemente perfeccionando mecanismos de subordinación tecnológica. Al observar cómo la inteligencia artificial organiza las imágenes y reconoce patrones, la artista revela las jerarquías invisibles que se esconden tras las interfaces digitales. Su práctica se sitúa con valentía en la frontera entre lo estético y lo político, recordándonos que cada avance tecnológico conlleva una responsabilidad ética ineludible sobre cómo decidimos ser representados, vigilados y recordados en el archivo infinito del futuro digital. Tanit Plana nos advierte que el archivo no es solo memoria, sino también una forma de poder que define quiénes somos en la red.