Economía
16/07/2026 19:34
El incumplimiento crediticio afecta a 5,8 millones de personas, con un impacto crítico en los sectores más jóvenes.
La situación financiera de las familias argentinas atraviesa un momento crítico, reflejado en el aumento exponencial de la morosidad crediticia. Según datos recientes, aproximadamente 5,8 millones de personas que accedieron a algún tipo de financiamiento han caído en incumplimiento de pago. Esta cifra representa el 28% de los 20,1 millones de deudores registrados en el sistema, abarcando desde préstamos personales y prendarios hasta el uso básico de tarjetas de crédito en entidades bancarias y no bancarias. Este fenómeno pone de manifiesto la creciente dificultad para afrontar los compromisos financieros en un contexto de alta inflación y estancamiento de los ingresos reales.
El análisis de la consultora Equilibra revela una disparidad alarmante según el tipo de entidad donde se toma el crédito. El incumplimiento entre quienes recurren exclusivamente a entidades no financieras, generalmente por no cumplir con los requisitos de la banca tradicional, supera el 50%. Esto significa que unos 2,9 millones de personas se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema, pagando tasas más altas y enfrentando mayores dificultades para regularizar su situación. Para muchos hogares, el crédito ha dejado de ser una herramienta de inversión o consumo planificado para convertirse en un mecanismo de supervivencia destinado a cubrir gastos corrientes.
Un dato que preocupa especialmente a los analistas es el impacto en la población joven. De acuerdo con el informe, solo 4 de cada 10 adultos de entre 18 y 29 años tienen acceso al crédito formal en Argentina, y de ese grupo, casi el 40% se encuentra actualmente en mora. Esta falta de historial crediticio saludable o la temprana exclusión del sistema financiero limita las posibilidades de progreso para las nuevas generaciones, dificultando el acceso a bienes durables o proyectos personales. La mora juvenil es un síntoma de la precariedad laboral y de la falta de perspectivas de mejora en el poder adquisitivo a corto plazo.
Banqueros y especialistas coinciden en que la solución no solo pasa por la baja de tasas de interés, sino por una estabilización general de la economía que permita que los salarios le ganen a la inflación. Mientras la brecha entre ingresos y deudas se siga ampliando, el sistema financiero enfrentará el riesgo de una mayor contracción, limitando aún más el consumo e inversión, motores fundamentales para la reactivación económica que el país necesita con urgencia.