Exterior
12/07/2026 00:30
El cambio de postura del expresidente estadounidense marca un giro en la cumbre de la OTAN en Ankara
La reciente cumbre de la OTAN celebrada en Ankara ha dejado un titular inesperado en el tablero de la geopolítica mundial. Donald Trump, cuya retórica suele ser divisiva y centrada en figuras de fuerza, parece haber modificado su jerarquía de aliados y adversarios. En un giro que ha sorprendido a los analistas, Vladímir Putin parece haber perdido su estatus de líder respetado para convertirse en el perdedor a ojos del magnate estadounidense, un puesto que anteriormente solía ocupar Volodímir Zelenski en los discursos más críticos del expresidente republicano.
Contrario a las predicciones que auguraban una batalla campal liderada por las bravuconadas de Trump, los 32 socios atlánticos mantuvieron una pauta de multilateralismo civilizado. Trump se mostró inusualmente satisfecho con la unidad desplegada, evitando los ataques directos que solía lanzar contra los aliados que no cumplían con las cuotas de gasto militar. Este cambio de tono sugiere una estrategia electoral renovada o una lectura distinta de los equilibrios de poder actuales en Europa del Este.
Zelenski, quien hace poco más de un año fue humillado simbólicamente en Washington, fue tratado en esta ocasión con las deferencias propias de un aliado atlántico de pleno derecho. El apoyo explícito recibido por parte de todos los asistentes, incluido el sector más conservador de la política estadounidense, refuerza la posición de Ucrania en un momento crítico del conflicto armado. La narrativa de Trump ahora se centra en castigar la ineficiencia militar, y en ese aspecto, el Kremlin ha mostrado fisuras que el expresidente no ha pasado por alto.
Varios factores explican por qué la figura del líder ruso ha caído en desgracia dentro de la retórica de Trump:
Analistas como Gideon Rachman y Arancha González Laya coinciden en que Rusia se está quedando sin cartas que jugar en el escenario internacional. En su obra Solos en el mundo, Laya analiza cómo la autonomía estratégica europea ha evolucionado para no depender exclusivamente de los vaivenes políticos de Washington. Por otro lado, Wolfgang Ischinger destaca que la Alianza Transatlántica no puede sobrevivir sin una base sólida de confianza mutua, algo que parecía roto pero que Ankara ha logrado remendar temporalmente. La figura de Putin, antaño admirada por su pragmatismo autoritario por ciertos sectores, ahora es vista como un lastre geopolítico que no ofrece victorias rápidas ni beneficios estratégicos claros para el discurso de Trump.