Exterior
15/07/2026 00:45
El secretario de Estado Marco Rubio aclara que la vía marítima es una ruta internacional libre de tasas
El panorama geopolítico en el golfo Pérsico ha experimentado un giro reciente tras las declaraciones del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Durante su visita oficial a Abu Dabi, Rubio ha subrayado la postura de Washington respecto al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, calificándolo como una "autopista marítima internacional". Esta aclaración surge como una respuesta directa a las polémicas sugerencias previas del presidente Donald Trump sobre la posibilidad de imponer peajes en esta vía estratégica.
El estrecho de Ormuz es un punto neurálgico para la economía global, ya que por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y gran parte del gas natural licuado. Rubio enfatizó que, bajo la legislación internacional vigente, ningún Estado tiene la autoridad para cobrar tasas o peajes a los buques que transitan por estas aguas. Esta postura busca dar tranquilidad a los aliados regionales, especialmente a los Emiratos Árabes Unidos, y asegurar que el flujo de hidrocarburos no se vea interrumpido por decisiones unilaterales.
La rectificación de la administración estadounidense tiene varios objetivos estratégicos:
A pesar de las ocurrencias iniciales de Trump, la Casa Blanca parece haber optado por una línea más pragmática liderada por el Departamento de Estado. Rubio ha sido tajante al afirmar que lo que sucede en Ormuz debe ser coherente con lo que ocurre en otras vías marítimas clave alrededor del mundo, donde la libre navegación es el estándar irrenunciable.
Para los expertos en relaciones internacionales, este movimiento refleja la necesidad de mantener coaliciones sólidas en Oriente Próximo. La imposición de peajes no solo habría afectado a los adversarios, sino que habría generado una fricción innecesaria con socios comerciales fundamentales para Estados Unidos. Al reafirmar que no habrá cobros, Washington intenta restablecer un clima de certidumbre en un mercado energético ya de por sí volátil. La comunidad internacional observa con atención si esta postura se mantendrá firme frente a las futuras presiones internas en la política estadounidense.