Campo
12/07/2026 11:39
Cómo las políticas impositivas y las retenciones afectaron la competitividad del campo nacional
En los últimos diez años, el mapa global de la producción de soja ha experimentado cambios drásticos que han dejado a la Argentina en una posición de clara desventaja frente a su vecino y principal competidor, Brasil. Hace una década, la producción mundial de la oleaginosa alcanzaba las 321 millones de toneladas, cifra que hoy se ha elevado a 441 millones, representando un incremento global del 38%. Sin embargo, este crecimiento no ha sido equitativo en la región, y las políticas internas de cada nación han jugado un papel determinante en el desempeño productivo. Mientras el mundo demandaba más alimentos, la Argentina parecía retroceder en su capacidad de respuesta ante los mercados internacionales.
Las estadísticas revelan una realidad preocupante para el sector agropecuario nacional. A comienzos de este período, Brasil producía 100 millones de toneladas, lo que representaba el 31% del mercado mundial, mientras que la Argentina aportaba 57 millones de toneladas, equivalente al 18%. Diez años después, el panorama es radicalmente distinto y muestra una brecha que no para de crecer:
Este fenómeno, descrito por analistas agroindustriales como una "década perdida", se atribuye directamente a la asfixiante carga impositiva y la persistencia de las retenciones. Estos derechos de exportación han actuado como un freno de mano para la inversión en tecnología, la fertilización y la expansión de la superficie sembrada en territorio argentino, favoreciendo indirectamente la expansión de los productores brasileños que gozan de condiciones más competitivas.
El comercio internacional de poroto de soja también refleja esta tendencia de declive nacional. El volumen mundial de exportaciones creció de 129 a 189 millones de toneladas en la última década. En este contexto, Brasil logró duplicar sus envíos al exterior, pasando de 57 a 117,5 millones de toneladas, lo que representa un crecimiento del 106%. Por el contrario, la Argentina vio reducidas sus exportaciones de poroto de soja en un alarmante 45%. Este retroceso no solo se debe a la menor cosecha obtenida por factores climáticos o de inversión, sino también a la pérdida de competitividad relativa. Brasil ha sabido capitalizar la demanda del sudeste asiático mejorando su logística e infraestructura, mientras que en la Argentina la falta de incentivos claros ha permitido que otros actores tomen el protagonismo que históricamente perteneció a la producción local. El desafío para los próximos años será revertir este escenario mediante políticas que fomenten la producción y permitan recuperar el terreno cedido en el mercado global.