Campo
11/07/2026 07:50
El sector agropecuario advierte sobre los riesgos de inundaciones y la importancia de la infraestructura vial
El sector agropecuario argentino se encuentra en un estado de alerta máxima debido a la convergencia de diversos pronósticos climáticos que señalan la inminente llegada de un fenómeno de El Niño con una intensidad considerable. Según los expertos, el desarrollo de este evento durante la próxima primavera y el verano podría alcanzar niveles de gravedad similares a los registrados en el año 1998, un período que quedó grabado en la memoria de los productores por los daños estructurales y productivos que ocasionó en gran parte del territorio nacional.
La preocupación principal se focaliza en una cuenca hídrica crítica que nace en el sur de la provincia de Córdoba, atraviesa la laguna de La Picasa y afecta de manera directa al oeste y centro de la provincia de Buenos Aires. En estas zonas, la saturación del suelo y el desborde de cuerpos de agua suelen aniquilar la red de caminos rurales, dejando a los campos aislados y dificultando la logística de la cosecha y el transporte de insumos. Se estima que, en eventos anteriores, la intransitabilidad de estas rutas se extendió por más de 18 meses, provocando una migración forzosa de familias rurales hacia los centros urbanos ante la imposibilidad de mantener el ritmo de vida y trabajo habitual.
Juan Balbín, productor de la zona de General Villegas y ex presidente de entidades como CREA y el INTA, ha sido una de las voces más firmes en reclamar previsibilidad. Balbín sostiene que el primer paso fundamental es actuar de forma preventiva, aprovechando la ventana de tiempo seco que queda antes de las lluvias extraordinarias. El objetivo es evitar que se repitan las escenas de campos bajo el agua y comunidades incomunicadas que marcaron finales de la década de los noventa. Además, en el marco de la próxima ExpoRural 26, se espera que este tema ocupe un lugar central en la agenda de capacitación, brindando herramientas técnicas a los empresarios para que puedan diseñar planes de contingencia eficientes frente a un clima cada vez más extremo e imprevisible.