Ciencia
11/07/2026 00:30
La filósofa analiza la brecha entre las leyes científicas y la realidad cotidiana de las personas
La reconocida filósofa estadounidense Nancy Cartwright, a sus 81 años, continúa desafiando las estructuras tradicionales del pensamiento científico. Su trabajo se centra en una pregunta fundamental: ¿son suficientes las leyes universales para explicar la complejidad del mundo real? A lo largo de más de cinco décadas, Cartwright ha observado cómo estas leyes operan, o fallan, en ámbitos críticos como la medicina, la economía y las políticas públicas.
Según Cartwright, existe una brecha peligrosa entre los modelos abstractos y la aplicación práctica de la ciencia. Ella sostiene que la desconfianza actual hacia la ciencia no es simplemente un problema de falta de educación o ignorancia colectiva. Por el contrario, es una respuesta racional de ciudadanos que sienten que el sistema institucional los ha dejado de lado. Cuando las leyes científicas se aplican sin considerar los contextos específicos de cada comunidad, los resultados suelen ser ineficaces, alimentando la sensación de abandono sistémico.
La filósofa enfatiza los siguientes puntos clave sobre la crisis de confianza contemporánea:
En sus investigaciones, Cartwright ha analizado cómo las decisiones gubernamentales fracasan cuando se basan únicamente en estudios controlados de laboratorio que no reflejan la diversidad del terreno social. Para ella, la ciencia debe ser una herramienta de empoderamiento, no una imposición lejana que ignore las necesidades de los sectores más vulnerables. La solución, propone la experta, pasa por una ciencia más humilde y conectada con la realidad social, capaz de admitir sus límites y de trabajar codo a codo con las comunidades afectadas.
El desafío para las próximas décadas será reconstruir ese puente roto entre los laboratorios académicos y la vida en la calle. Cartwright sugiere que los científicos y legisladores deben dejar de tratar al público como receptores pasivos de información y empezar a considerarlos como participantes activos en la validación del conocimiento. Solo así se podrá revertir la tendencia actual de escepticismo extremo. La ciencia, para ser efectiva, debe demostrar su utilidad real en la vida diaria, probando que no es solo una abstracción académica, sino un pilar fundamental para el bienestar de todos los ciudadanos, sin excepciones ni exclusiones burocráticas.