Campo
05/07/2026 14:49
Este cultivo permite obtener rendimientos excepcionales y reducir costos operativos en el sector ganadero
La ganadería argentina atraviesa un proceso de transformación tecnológica impulsado por la adopción de cultivos innovadores que desafían los paradigmas tradicionales de producción. Uno de los avances más disruptivos de los últimos años es la incorporación de la remolacha forrajera como eje central de los sistemas de engorde intensivo. Este cultivo, que inicialmente fue visto como una curiosidad agronómica, ha demostrado una capacidad sin precedentes para generar biomasa y convertirla en carne de manera eficiente, especialmente en regiones donde las condiciones climáticas suelen limitar el crecimiento de los pastizales tradicionales durante los meses más fríos del año.
El productor Alejandro Pérez Iturbe, responsable del establecimiento Don Antuco en el partido de Carmen de Patagones, ha sido el principal impulsor de esta técnica tras realizar un viaje de capacitación técnica por Nueva Zelanda y Australia en el año 2017. Al observar cómo estos países maximizaban la producción de materia seca por hectárea, decidió replicar el modelo en el suelo bonaerense, logrando resultados que han sorprendido a toda la comunidad agropecuaria nacional. La utilización de la Beta vulgaris, una variedad de remolacha de alto valor energético, permite establecer un sistema de engorde sustentable y altamente rentable.
Los datos obtenidos en los modelos productivos de Don Antuco son elocuentes y marcan una brecha significativa respecto a otros sistemas. Según los registros actuales, la remolacha forrajera permite producir entre 2300 y 3500 kilogramos de carne por hectárea en un ciclo de tan solo seis meses. Esta cifra es notablemente superior a la de los verdeos tradicionales de invierno. Entre las ventajas principales del sistema se destacan las siguientes:
Este sistema no solo mejora la eficiencia operativa durante el invierno, cuando la escasez de forraje suele ser un cuello de botella para los productores, sino que también ofrece una alternativa de manejo simplificado una vez que los animales se adaptan al consumo del tubérculo. Además, la remolacha es apta para el consumo humano, lo que abre futuras posibilidades comerciales adicionales. La implementación de este modelo está redefiniendo el mapa productivo de la región pampeana y el sur del país, demostrando que la innovación genética y el manejo preciso son las claves para el futuro de la industria cárnica argentina.